martes, 5 de septiembre de 2023

Mis primeros 41

Mañana es mi cumpleaños y a diferencia de otros años esta vez me siento muy emocionado, de hecho estas últimas semana me he notado contento y con ganas de que ya sea el día, no es que tenga un gran plan para festejar o algo parecido simplemente es que se siente chingón cumplir años.

Esta vez es diferente por muchas cosas, algo más sano principalmente porque hubo muchos años que pesaba demasiado y me deprimía pensar en un año más de vida, conscientemente no sabía bien por qué pero este último año lo descubrí y me pude librar, di un gran paso, acepté muchas cosas, por ejemplo que las personas son como son y no como uno quisiera que fueran, entendí que uno, si quiere de verdad debe aprender a amarlas así, sin querer cambiar nada, pero principalmente comprendí que por más que quieras no se puede cambiar el pasado y mucho menos ignorar lo sucedido, de tal suerte que por fin solté lo que ni siquiera sabía que me estuvo consumiendo por dentro durante tanto tiempo, y que casi acaba con mi paz; con mi tranquilidad, con mi capacidad de relacionarme sanamente, ya lo pude contar ¡Ya lo puedo contar! 


Pero es tan perturbador y tan de la chingada que no tengo un comienzo coherente como en otras historias que he compartido, solo sé que mucho de lo que me ayudó a sanar es justo este ejercicio de escribir mis recuerdos, mis gustos, mis miedos y sobre las personitas que quiero, me di cuenta que en sí todo lo que he escrito ha sido mi auto terapia y sin ponerle o atribuirle poderes mágicos a estos ejercicios de redacción que de vez en vez comparto, un día mientras escribía y trataba de ordenar mis ideas y recuerdos para una anécdota me llegó con mucha claridad lo que me pasó una tarde mientras regresaba de la escuela, de pronto fue como si hubiera vuelto a ser ese chico de prepa que un viernes después de una semana pesada se durmió en el único asiento que encontró libre en la parte final de un microbús y que fue abusado por un tipo asqueroso que puso su mano entre mis piernas aún y cuando yo tenia mi mochila justo como protección y almohada improvisada él se aprovechó de mi sueño y con toda la malicia y premeditación metió su mano entre mi pierna y mi mochila y me tocó, me apretó los genitales y me despertó de golpe, por lo que estaba haciéndome, quedé helado sin poder reaccionar, tenía miedo, tenia terror, no sabía lo que pasaba y él no dejaba de tocarme, le dio igual que el transporte fuera a su máxima capacidad, no le importó que yo fuera un menor de edad, el simplemente no dejaba de invadir mi intimidad, hasta que de repente pude mover mi mochila un poco y eso lo hizo salir disparado, se bajó del transporte como si nada, sin que yo hubiera podido gritar ni pedir ayuda, ni hacer algo por detenerle. 
Recuerdo que no pude estar en paz todo el camino que me restaba para regresar a casa, fue eterno, recuerdo que sin tanto detalle le conté a mi madre lo que me había pasado pero no pude ser tan específico, solo quería un poquito de consuelo tal vez, recuerdo que lloré mucho y recuerdo que ese abuso me cambió para siempre, yo me culpé por haberme quedado dormido, por haber elegido ese transporte, por haber decidido sentarme junto a ese señor, muchos días lo soñé, un tipo calvo, con su sweter tejido de color azul y su mirada depravada y solo quería golpearlo y eso me hacía recordar que en realidad no pude hacer nada en su momento, me castigué con pensamientos autodestructivos recriminándome mi cobardía, recriminándome el por qué no hice nada. Cada vez fue creciendo y creciendo ese miedo y nunca se fue, nunca se lo dije a nadie hasta que me llevó a una depresión casi sin salida, ese señor me hizo dudar de mi, de mi sexualidad, de mis preferencias, nunca lo pude olvidar o dejarlo ir, y con los años solo se hizo más y más grande mi tormento y de repente todo me daba terror, odiaba que llegara la noche, ya no estaba tranquilo y solo quería estar dormido, hasta que me armé de valor y pedí ayuda, encontré una buena sicóloga que me sanó con algunas terapias de hipnosis, que me hizo ver que nunca tuve la culpa de nada, que nadie puede vulnerar tu espacio ni tu persona por el simple hecho de quedarte dormido, o por vestir de una forma u otra, o por emborracharte, ni siquiera por ir solo de noche, él era un depredador sexual, un estúpido subnormal enfermo. Lo comprendí, sentí paz desde la primer consulta, el simple hecho de haberlo contado me quitó una maldita loza que tenía cargando, pero hasta ahí, solo fue entre mi sicóloga y yo, no se lo conté ni al siquiatra que me ayudó en el proceso porque resultó que la terapia debía estar acompañada de un medicamento controlado para que pudiera salir del maldito hoyo, así que cuando el doctor me preguntó ¿qué me pasaba? Solo le platiqué lo que sentía, más no la razón y me explicó que a veces la depresión se debe a un desajuste en la química cerebral, me recetó unas pastillitas diminutas que me relajaban un chingo y que solo debía consumirlas por un lapso muy cortito, porque podían causar adicción y me dijo muy fuerte y claro, que yo era muy propenso a hacerme adicto fácilmente a cualquier sustancia tóxica que fuera, hay personas así, así que ten cuidado de andar experimentando o te vas a quedar en el viaje. 
Con la terapia y con el medicamento pude terminar mi universidad en paz, pude recobrar mi vida, pude bloquear esa tarde, pero nunca lo había podido asimilar ni digerir del todo, nunca lo había podido aceptar para poderlo soltar, cuando lo hice, me di cuenta de todo lo que me había dañado, hoy puedo comprender mucho mejor porqué he sido como he sido con las personas con las que me he relacionado, mis amarguras, mis manías, mis inseguridades y todo lo pinches tóxico que llegué a ser. Ya no me avergüenza esa parte de mi historia de vida porque simplemente yo no hice nada, solo fui un joven que se quedó dormido y alguien más se aprovechó y abusó de mi. 

Mañana que es mi cumple solo quiero permitirme pasarlo chingón como tal vez nunca, el pasado pisado y ya está, he vivido muchas más cosas bien chingonas pero bien chingonas, y son más importantes en mi vida que esa mala tarde, me siento afortunado porque pertenezco a una generación que fue bautizada como «Y» o «Millenial», soy algo así como un nativo digital y es que sin querer me tocó ser una especie de amalgama entre lo análogo y lo digital y con el hecho de haber nacido en este país pues resultó que yo crecí casi al ritmo en que la tecnología iba cambiando mi mundo, o sea, yo no nací con las super computadoras ni con los teléfonos inteligentes funcionando, más bien los vi aparecer en el camino, por ejemplo: yo aún pude grabar unas canciones del radio en un cassette y hacer el ridículo más grande de mi adolescencia al regalarle una compilación de esas a la Amalia de 3C con mi voz incluida. Yo conocí los videoclubes, rentamos películas de karate, vi tele en blanco y negro, vi de cerquita año con año la evolución de los videojuegos, aún tuve la experiencia de hablarle a muchas niñas desde un teléfono de disco, me tocó instalar la primer computadora que hubo en casa con todo e impresora y un buen día contraté internet casi que sin avisarles a mis papás, aprovechándome de su exigencia para cumplir con todas mis tareas de la prepa y la «urgente», «urgentísima necesidad» de contar con el servicio para poder hacerlas, y lo recuerdo con mucho cariño porque mis hermanitos muy sorprendidos y casi diría que asustados, se pusieron detrás de mi y cada uno abrazado a cada una de mis piernas como koalas, hacían ruiditos y con un temor inocente que daba ternura, señalaban hacía el mueble improvisado donde estaba conectada la computadora, que si con sus majestuosas bocinas, que si con su veloz internet de 32 kbps conectado al teléfono, mismo que ya era de botoncitos muy bonitos,  seguramente muy sorprendidos mis hermanos con todo lo que se podía hacer, y es que eso para ellos era como un portal a un mundo que desconocían, obvio que les deba terror, bueno, bueno a todos nos pasaba eso, solo que yo no podía quedar como un poco paseado y me hice el muy experimentado para ser el hermano chinguetas que ellos necesitaban en ese momento, lo cierto y hablando neta, creo que eso nos cambió el panorama a todos. 

Está de más querer detallar todo lo que me ha sorprendido y lo que he visto evolucionar en estos 41 añitos, así que antes de que divague más y se me pierda lo que quiero decir concretamente... Para mi ha sido emocionante ir creciendo con los cambios y descubrimientos tecnológicos, por eso estoy particularmente contento ¡qué momento para estar vivo! ¿qué nuevas cosas vendrán? Pero como no sé cuanto me queda antes de desvivir pues se vuelve mucho más chingón respirar y apreciar esta época, esperando que si llego a mi próximo cumpleaños todo sea mucho pero mucho más chingón, que nunca pierda la capacidad de asombro por todo lo nos depara pero también me quiero libre, de ataduras, apegos y rencores, me necesito mucho más libre de pensamiento y del corazón.

Feliz cumpleaños para mi.




viernes, 1 de septiembre de 2023

¿Cuál fue tu primer trabajo? ¿Lo recuerdas?

   Voy a trabajar, voy a chambear; voy a camellarle, vamos a perseguir la chuleta... Desde siempre he escuchado frases así por el estilo refiriéndose a lo que significa ir a ganarse el pan, las he ido guardando, no con recelo ni apuntándolas, decir eso sería muy mamón, solo las recuerdo y ya está... Las recuerdo de la gente que me ha enseñado lo que significa chambear, amar y respetar el trabajo, a hacer lo que me gusta para no tener que trabajar, mi papá es un gran ejemplo de eso, mi mamá ni se diga que hasta cruzó la frontera de ilegal para ir a trabajar; de mis hermanos, mis tíos, mis amigos, mi vinculo emocional que es una guerrera, todas estas personitas cuando hablan de su trabajo lo hacen de una manera tal que enamora, no dicen voy a trabajar, dicen voy a dar clases, voy a repartir gas, voy a pelotear unas ideas, porque son buenos en lo que hacen y les gusta y lo disfrutan, al menos eso he notado, como en todo seguro hay días grises pero no lo suficiente como para opacar el panorama general,  y eso me gusta, que al final no voy, o no vamos de malas o peor aún, odiando con cada fibra de nuestro ser lo que tenemos que hacer para ganarnos la vida.

¿Cuál fue tu primer trabajo? ¿Lo recuerdas?

Yo fui velador, esa fue mi primer chamba cuando tenía como cinco años, me acuerdo y me emociona un chingo, era una responsabilidad muy grande cuidar una secundaria, bueno bueno, fui ayudante de velador, el mero encargado era mi papá, pero yo lo asistía, así son las pequeñas familias se tienen que apoyar siempre, porque en realidad ese trabajo era de mi mamá, por cuestiones de la vida en los periodos vacacionales la ella le tocaba hacer guardias en la escuela donde trabajaba o algo así, pero mi papá la cubría y yo no lo dejaba solo. Nuestra hora de entrada era a las 9 de la noche, mi mamita me ponía en una bolsa mi leche en una tacita de plástico con su tapita muy coqueta, un pan o un plátano o ambas porque yo siempre he sido de buen comer —A mi desde siempre, desde que me acuerdo la única comida que no me gusta es la poquita— Después de llegar a la chamba y checar nuestra hora entrada yo cenaba en lo que mi papá me hacía un tendido en el laboratorio de la escuela, yo creo que decidió que fuera ahí porque ante una emergencia, por si alguien se metía o lo que fuera, ese era el lugar más seguro, y ya después de cenadito con mi pancita llena pos daba sueño y buscaba el lugar menos duro y me dormía, pero mi papá vaya que hacía bien su rol de velador, porque de vez en vez lo buscaba y él se iba a dar el rondín entre la madrugada y lo hacía dos o tres veces... A la mañana siguiente... al día siguiente pues, lo mio solo era descansar porque trabajar de noche es muy pesado.

Pero ahora que he ido destapando los recuerdos de mis trabajos que pude conseguir, me llegaron de golpe muchas otras ocupaciones de las que obtuve muchas ganancias, ganancias de vida, cosas que no se pueden comprar con varo, gané mucho, en amigos, en maestros de vida y sí, también gané mis pesitos que me permitieron ciertos gustitos y otras cositas más...

Como cuando tenía 10 u 11 años, para ese entonces ya había dejado muy atrás mis prácticas como velador, ahora me dedicaba a hacer mandados a los vecinos a cambio de unas propinas, siempre tuve buenas ganancias de eso, con sus excepciones muy decepcionantes, de una vecina en particular, se dice y no pasa nada, pero  entonces encontré mi primer chamba formal y todo, y digo que fue formal porque eso fue, un trato de caballeros con un buen vecino, el ingeniero Porfirio que en «pants descanse», que siempre me trató de poca madre. Su esposa tenía una tienda de abarrotes por eso los conocía tan bien, yo ahí compraba que si el quesito blanco, que si los huevitos, que si el cloro, que si las galletas marías; y un detalle muy coqueto es que ellos tenían una hija, la Andrea, y mi mamá juraba que me iba a casar con ella, y no solo lo pensaba eh, la doña Ceci lo decía así sin filtros, obviamente eso nunca pasó, y no por mi, pero esa es otra historia. Mi trabajo consistía en podar el pasto, lavar los autos y ayudar en su taller, pero antes, antes de comenzar los deberes, siempre me recibía para desayunar, y comíamos chido para agarrar fuerza y darle duro a la chamba, cabe aclarar que yo nunca había, ni lavado autos, ni cortado el pasto; ni muchas otras cosas más, entonces pues me asignó con su sobrino y su hijo y ellos me enseñaron, de todo, desde cero, uno cree que sabe hasta que se da cuenta que no sabe ni madres, bueno, hasta intenté aprender a soldar, vaya, todo fue muy emocionante, el inge se dedicaba a automatizar procesos industriales, fue una gran época, aproveché unas vacaciones de verano para ir y pedirle chance de trabajar y así tener mis propios pesos para comprarme mi tele y mis galletas marías para mi solito, y para ahorrar para irme de vacaciones con mi abuela y para no sé que más, uno a esa edad solo quiere dinerito.

En fin, así pasaron algunos veranos y de vez en vez otros trabajos por ahí, fui dependiente en una papelería que era de una amiga de mi madre, insisto, uno cree que sabe y hasta que la vida te grita que no sabes ni madres, cuando tienes que sacar copias de una identificación por ambos lados al 150% y buscar una monografía de la drogadicción, y medio metro de chaquira del número 3, pero dorada. Esa chambita no era pesada para nada, tenía su encanto, había una chica que iba a comprar... Nada o paquetitos de estampas de Goku solo para platicar conmigo. ahí el tiempo se pasaba en chinga, entraba a las 2 y cerraba a las 8, y no se sentía.

También trabajé en una recicladora de plásticos, ese si fue un trabajo, una chinga, una tortura, no sé cómo se me ocurrió, el anuncio decía que se solicitaba ayudante general, estaba frente a mi calle,  cruzando la avenida, había prestaciones de ley y era medio tiempo, yo solo recuerdo que necesitaba juntar dinero para el catorce de febrero, —Odiaba deberle favores a mi hermana a cambio de algún peluche, o peor aún, ya no quería robárselos para quedar bien con alguna o algunas niñas— Y pues fui, y me quedé y duré una semana, por poco y me quedo sin rabadilla. El primer día me toco descargar un camión con material de reciclado envuelto en pacas más grandes que yo, pesadas y muy voluminosas, un tipo las dejaba caer en mi lomo y a darle, tenía que cruzar un pasillo hasta la bodega y ahí iba tambaleándome, rebotando en cada pared hasta llegar. Esa noche me dió hasta calentura cuando por fin me pude escurrir en mi camita al terminar el turno, todo para poder comprar por un peluche y unos chocolates para la Nancy, eso fue el primer día y me tocó la mala suerte de que hubiera llegado el camión justo ese maldito día a esa hora, ese cargamento solo iba una vez a la semana. Al día siguiente regresé por orgullo para poder cobrar los cinco días, pero odiando cada fibra de mi ser. Me quemé con la maquina que convertía los retazos de fibras plásticas en una especie de palomitas de maíz, era una olla enoooooorme que se calentaba y giraba muy cabrón mientras le agregaban unos chorros de agua, yo solo tenía que arrimar una bolsa y cuando el operador volteaba la cazuela esa, debía estar atento y cachar las bolitas calientes y empaquetarlas y sellar la bolsa y cargarla y estibarla de una manera específica y hacerlo rápido sino eso se hacía un desmadre. Esa era mi responsabilidad, el operador de la máquina siempre fue muy amable, una chulada de tipo, mientras yo solo quería comprar unos regalos, él dormía ahí para doblar turno y poder mantener a su esposa y a sus gemelas y uno que 
venía en camino. 

De los trabajos más extraños que tuve, un mes fui aplicador de vacunas, o al menos eso decía mi contrato, eso si fue lo más raro que he hecho, nunca aprendí a poner ni gotas siquiera, solo hacía visitas a casas en el cerro y a medias porque terminé correteado por perros e ignorado por gente muy grosera y desconfiada, la paga era horrible y los compañeros de brigada, pues ni mal ni bien, eso sí, nunca falté y le puse todas las ganas. Para otra ocasión fui mesero y creo que ese ha sido el trabajo más irresponsable que he tenido, me alquilé por una noche para servir en una cena, pero no cualquier cena, era la última cena del milenio, así que para el último día de 1999 yo estaba en un hotel de esos que terminan en INN muy lejos de casa y tratando de cachar todas las instrucciones que mi primo me había dado, que si el encendedor va por aquí, que si el cenicero se retira cubriéndolo con otro y con cuidado por la izquierda,  que si hay que descorchar un vino mejor me buscas porque no creo que puedas, y bla bla bla, cosas que no entendí muy bien y que al final me pusieron muy nervioso. Yo fui a esa chamba ilusionado por las maravillas que me dijo mi pariente,   que si las propinas eran jugosas y me iba a llevar mucho varo, y la noche la iban a pagar al doble y que daban de comer y un buen de cosas más, al final, la neta y aquí entre nos, yo acepté porque sentía que si trabajaba esa noche donde habitualmente todo mundo esta de fiesta pues iba a estar chingón, como una especie de ofrenda, como un ritual para que nunca me hiciera falta trabajo, que mejor manera de recibir el año ¡El siglo! ¡El milenio! que trabajando. Oooooobviamente que no pasó eso de ganar un chingo de varo, la realidad es que de mala gana me pagaron la noche y de suerte y por no decir de lástima conseguí cien pesos de propina, y no me quejo, la verdad es que ser mesero es una chamba que no cualquiera, mis respetos al oficio, estoy seguro que esa fue la última vez que he trabajado, así trabajado, lo que se dice trabajado, como lo que creo que es chingarle, porque no atendí a mis comensales con una sonrisa, no fui rápido ni hábil, le sufrí y me costó mucho terminar el servicio, me costó mucho trabajo librar la presión y los nervios, yo solo espero que mi idea de haber comenzado un nuevo milenio chingándole, a manera de ritual de ofrenda, pues me funcione siempre.

Después vino lo que creo fue mi mejor aventura laboral, la que me enseñó que la vida es como es, no como uno quisiera y desearía que fuera. Lo recuerdo así: resulta que una madrugada desperté abrúptamente por los gritos de mi jefita, algo decía con palabras dulces de que se me hacía tarde y que me había dormido y que no iba a llegar a clase y todas las bendiciones que puede decir una madre cuando está enojada, pues bien, en chinga me alisté para salir volando y entre que me secaba el cuerpo y me ponía mi cremita nivea y exprimía un limón para peinarme, mi mamá le prendió a su «radito», y ahí estaba, un anuncio del INEGI, solicitaban encuestadores para el censo del año 2000, se escuchaba re bien, un trabajo temporal para jóvenes que estuvieran estudiando, ideal para las vacaciones que se aproximaban,  que con sus prestaciones, que con su seguro especial, que si la capacitación pagada y vaya, algo muy encantador. Me grabé el teléfono, medio desayuné y salí corriendo a la parada del camión rogando no perderlo, y ahí estaba yo, en la calle, esperando y esperando y esperando y nada, ni un alma, ni la gente que habitualmente coincidía conmigo, resulta que yo había desconfiado de mi reloj biológico para confiar en mi mamá, siendo que la neta mi reloj nunca me ha fallado, —Ni mi madre, hasta esa madrugada.— A mi nunca me habían tenido que despertar para ir a la escuela, nunca, resulta que la señora se le «cuatrapeo» o se le quedó pegado el flotador y me despertó a patadas casi dos horas antes de lo habitual, lo supe cuando un cristiano se paró junto a mi y me dijo la hora.  En fin, tal vez de no haber pasado por esa pena de estar a media madrugada en la calle, no habría sabido a tiempo del trabajo en el INEGI, llamé y llevé mis papeles justo a tiempo y digamos que fui de los últimos que contrataron. Y tal cual lo ofertado, así pasó, mi capacitación en tiempo y forma, un buen trato siempre, la paga a tiempo y por medio de una tarjeta de débito del banco BITAL, eso fue una chulada, yo estaba que no me la creía —A veces iba al cajero automático solo por la satisfacción de meter la tarjeta y ver mi saldo y sonreir y sentirme importante, único y especial— Pues bien, lo logré y yo fui encuestador para el censo de población y vivienda del año 2000, me asignaron ir a Santa Bárbara de los Aguaros, en las afueras del municipio de Cuautitlán Izcalli y hasta ese entonces no sabía que existía ese poblado, una zona catalogada como rural casi como mi Huilango, me asignaron la manzana 65, me dieron mi morralito, una gorra, un chaleco, mi identificación, un croquis y a darle, casa por casa a patita hasta visitar todas pero tooooooooodas, toditas las casas de mi listado.  Vi de todo, fui testigo de lo sublime y lo injusto que puede ser la vida —Desde luego que con los ojos de mi poca experiencia y mi contexto hasta ese entonces.— Me tocó visitar viviendas humildes y pequeñas con 12 o 15 personas que me invitaban de comer, o me ofrecían agua. También visité casotas enormes habitadas solo por 2 o 3 almas que con mucho trabajo y desconfianza me respondían el cuestionario, también conocí gente que platicaba mucho, muy amables que parecía que el encuestado era yo y no al revés, me corretearon unos perritos, tuve que visitar y visitar muchas veces varias direcciones que nunca me atendieron, pero al final sin temor a equivocarme toda esa experiencia me hizo un poco más sensible y empático y mucho menos ignorante de la realidad de mi país. Sé que con gusto lo volvería a hacer sin duda alguna.
Esta vez con mi sueldo no quería peluches, ni chocolates para regalar, con mi primer depósito compré un par de pizzas, nunca en mi vida las había comido, pero se me antojaban muchísimo no sabía cómo eran en realidad, solo recuerdo que quería llevarlas a casa y compartirlas con mis hermanos, y eso hice, y hoy se los puedo jurar que han sido las peores pizzas todas mal hechas casi quemadas, pero ¡qué momento!  ¡qué satisfacción!  pasar esa tarde con mi familia, y como uno no extraña lo que no conoce pues esa tarde nos supieron poca madre. 

Después trabajé un tempito con mi tía Vicky en su negocio de material de papelería, ahí aprendí a hacer cuentas, aprendí a moverme por la ciudad; aprendí a vender de la mano de su colaborador el buen Oscar, un tipazo que me enseñó a conducir de la manera más amable y con un chingo de paciencia, ese cabrón me dio la confianza esa primera vez que entré y salí del periférico en la troca del negocio, me exigió que nunca tocara el claxon como estúpido subnormal, que aprendiera a ceder el paso, sobre todo a los peatones, esa chamba fue increíble, emocionante,  de calle, el Oscarín se sabía los mejores lugares para comer, y mi tía siempre me dio la confianza y me trató chido, sí que fue un gran encargo. 

En fin... Después de ese trabajo me enfoqué más a mis estudios de universidad, hice algunas practicas en un canal de TV, entre muchas cositas por el estilo y si  me doy cuenta que ha sido muy satisfactorio ver que mi profesión me ha dado de todo y por eso es que yo no siento que sea un trabajo, me siento muy afortunado de ser lo que soy, yo no trabajo yo hago diseño y comunicación gráfica, y me divierto mucho con eso, que si la toma fotográfica, que si los comerciales, que si los anuncios de revistas; recuerdo cuando empecé siendo solo ayudante de ayudante y que ganaba menos que el salario mínimo, pero mi ganancia real fue en experiencia lograda cada día y era emocionante diseñar anuncios luminosos, lo aproveché al máximo y fui muy paciente, pero también casi me rajo por la presión de no tener un buen sueldo y si ya tener responsabilidades, por poquito y termino siendo ejecutivo agrario del gobierno del Estado de México, pero afortunadamente y casi al mismo tiempo de esa rara oferta, llegó mi oportunidad de tener un contrato mejor, como diseñador y nunca más tuve que trabajar, al contrario, ha sido increíble, un tiempo pude ver los diseños de las promociones de los tapipesos en la tiendita de la esquina, de cuando diseñé para una marca de resfrescos grandota, o mis anuncios en las publivallas del metro o mis espectaculares en el periférico con el parque de diversiones, los comerciales en la tele y en el cine, el hecho de que muchos años la Valentina fue modelo de hartos proyectos impresos y digitales.
Me gusta lo que hago, me gusta y lo disfruto mucho, y si, si hay días y también temporadas muy difíciles donde todo es urgente pero cuando eso pasa yo solo digo «Ya se me juntó la lavada con la planchada y se me acaba de caer el pinche tendedero» y se continua con los pendientes.

Si llegaste hasta este párrafo sin aburrirte solo quiero cerrar diciendo que espero haber logrado transmitir mi idea de una manera clara, sé que de repente casi siempre divago mucho y me da por ampliar y ampliar la historia, sin embargo creo que el resultado termina por convencer o por agradar, si te pasó déjame un «Laik» o una mentada, todo sirve para mejorar mis historias.







jueves, 17 de agosto de 2023

Las Novelas

 Hoy quiero escribir de las benditas telenovelas y cómo de manera fortuita, se volvieron parte de mi historia de vida, no es que haya decidido que me influenciaran varias series de esas pero estaban presentes en la época de la no inmediatez, donde el tiempo transcurría lento y pausado sobre todo los domingos que literalmente no había muchas motivaciones mas que seguir respirando.

Desde que recuerdo, hacer la tarea, era un acto tortuoso, no era muy de mi encanto, sufría y si de por sí el tiempo transcurría lento ese rato dedicado al deber escolar era interminable y tenía dos ingredientes inseparables, estaba religiosamente acompañado de mi madre y con una telenovela de fondo, a veces resultaba muy difícil tener concentración con tanta tragedia, que si la protagonista fue engañada haciéndole creer que la amaban y sólo querían su cuerpo, y una villana tóxica que confabulaba y chantajeaba para hacerle la vida imposible o que si la verdad no se podía saber y siempre al decir esa frase la infeliz protagonista aparecía de la nada y rompía el ritmo de la escena preguntando con sorpresa y cierta intranquilidad ¿de que verdad no me debo enterar? y se armaba un desmadre o eso se pensaba mientras la música dramática hacía lo suyo dejando en suspenso un corte a comerciales, o cuando la villana era encarada e invariablemente se enredaba en un pelea con algún intento de héroe, que la iba a desenmascarar y hacerle pagar sus fechorías, siempre, siempre se incluía una pistolita pedorra, —La misma para todas las novelas estoy seguro— un revolver plateado, con las cachas negras de un tamaño ridículo que cabía en cualquier bolso de mano; el semi héroe al ver el arma se abalanzaba y en un forcejeo más falso que los sentimientos de tu ex y siempre resultaba que los cuerpos quedaban pegados haciendo algo parecido a una danza de apareamiento, enseguida se escuchaba una detonación que ponía una dramática y exagerada pausa a sus movimientos, la expresión en el rostro les cambiaba de golpe y pasaban de tener caras de furia a comunicar ganas de ir al baño con ojos salidos y sudor, mucho sudor en la frente como cuando crees que no llegas pero ya estás ahí vaciando el cuerpo, y toda esta bobada normalmente era en el capitulo del viernes, y no sabrías sino hasta el lunes a quién de los dos danzantes le había caído el balazo, y ahí estaba yo tratando de memorizar 2X2... 4, 4X2... 8 y a la vez preocupado pensando qué iba a pasar en la telenovela de las ocho.
Hubo varias que me impactaron mucho, no estoy seguro en tiempos y el orden puede fallar les juro que tenía un plan para contar esta historia, con una estructura firme, me documenté, hice un mapa de tiempos exactos para no perderme en mis recuerdos pero la realidad es que me di cuenta que no era para tanto, tal vez con el afán de tener todo controlado, esta historia se puede volver un texto tedioso, sin forma, ni esencia, ni alma ni nada, así que mejor ahí va de como me acuerdo sin guión ni nada.

Creo que la primer telenovela que ví, fue una donde comenzaba entre penumbras, era una boda y una loca disparando a los novios, mandando a la mierda un enorme pastel blanco y con el pastel obviamente iban los novios salpicando más sangre de la que el cuerpo humano contiene, por mucho tiempo me dejó traumado, si llegaba a escuchar la canción con la que iniciaba esa telenovela me remitía a esa imagen, buenos hasta en mi boda aaaaaaaaños después me dio miedo que mi ex, la Olguita o cualquier otra u otro —Uno nunca sabe— se apareciera por ahí echando bala, más menos era 1987 "Amor en Silencio" se llamaba la shingadera. Por esos días también salía una telenovela histórica, basada en la revolución mexicana, "Senda de Gloria", mis papás no se la perdían, bueno mi madre en realidad no se perdía ninguna, me perece que no estaba tan mal, el vestuario, las actuaciones, la caracterización —Era curioso para mi, ver al mismo monito en la tele que en las monedas de 100 pesitos que me daban para gastar en la escuela— Don Venustiano Oportunista Traidor Carrranza se llamaba el tipo ese. La ambientación era de un toque soberbio, incluyendo los carruajes y demás fituretes que le daban mucha onda al resultado, hace poco por casualidad volví a ver el inicio de esa telenovela y es increíble que con solo escuchar un poco de aquella música me remitió a esos días, la realidad es que podría haber estado todo lo chingona que quisieran y no es sino hasta hoy que veo lo valiosa que fue pero en ese tiempo me irritaba demasiado porque salía a la misma hora que mi caricatura favorita, "Los Defensores de La Tierra" evidentemente no es otra novela pero es lo mismo, aún me acuerdo de la cancioncita con la que comenzaba y también me acuerdo de todo lo que tenía que hacer y terminar para poder ver un ratito mi caricatura.

Había un solo aparato de TV en casa, la recuerdo como una cajita blanca en donde se veían imágenes en blanco y negro, con su antenita plateada, un par de perillas dentro de pequeños huecos circulares de lado derecho para cambiar de canal y una más pequeña en la esquina inferior para encenderla, era más chiquita que un horno de microondas convencional, primero estuvo sobre una mesita, después cuando ya la alcanzaba me la pusieron sobre un ropero y para que yo tuviera derecho a usarla debían pasar tres cosas: toda la tarea terminada, que a mi mamá se le inflamara dejarme pero principalmente que no coincidiera con alguna novela, sino ahí se chingaba todo, ya cuando podía cambiarle estaban los benditos partidos políticos, un programa aburrido e insípido que me hacía rabiar y entonces tenía que conformarme con ver papá soltero o Chespirito o nada porque el día para mi terminaba antes de las nueve de la noche, hora en la que ya debía estar en cama soñando con los angelitos.

Sí la situación era difícil entre semana para poder ver algo en la tele, el sábado y domingo no cambiaba mucho mi panorama, ahora debía lidiar con el hecho de que a mi papá le hiper mega fascinaba el fútbol, jugarlo y verlo, y no se conformaba con estar horas atento a un partido, o dos o tres, después se aventaba el resumen deportivo, y otra vez me tenía que conformar con ver alguna película de Capulina o Cepillín, en las mañanas si me levantaba temprano o en la noche «Aunque Usted no lo Crea» o «Misterios sin Resolver» o ya de mucha suerte «Siempre en Domingo» y otra vez a dormir temprano porque al otro día había escuela. La realidad es que ya fuera fin de semana o entre semana la pequeña televisión pasaba más tiempo apagada que funcionando, mi madre fue muy estricta en cuanto a tareas y ejercicios escolares extra, no fui un niño que pudiera estar pegado a la pantalla ya fuera por necesidad o por gusto, en cambio aprendí a leer desde antes de entrar a la primaria, incluso pude dominar una calculadora básica desde antes de cumplir cinco años.
Si me pelee muy cabrón con mis hermanos por ver quién imponía sus gustos en la TV, algunas las gané pero muchas más las perdí, o sea estaba chido cuando nos poníamos de acuerdo, en paz los tres vimos dragon ball, los power rangers, hasta otro rollo los martes, pero cuando no había común acuerdo esos dos hermanos que tengo eran bravos, sobre todo la mayor y más cabrón se volvió cuando el tiro ya solo era entre nosotros tres, porque mi jefita resulta que ya se había comprado su tele a colores la señora y le daba igual si había sangre o desgreñadas, o llantos, ella estaba fresca viendo «Muchachitas» en su Sony Trinitron a toda madre.

Yo varias veces juré, sobre todo cuando perdía un tiro que algún día me iba a comprar mi TV y no iba a dejar que nadie la viera ni estando apagada. Así como cuando juré que me iba a comprar mis roles de canela o mis galletas marías de las que nos tocaban diez, diez y diez y que también nos puteabamos para que ninguno se pasara de listo tomando más de lo que le correspondía, el hecho es que cuando tuve mi TV o mis galletas para mi solito, no supieron igual, lo chingón era madrearnos entre mis carnales y yo, la realidad es que daría lo que fuera por volver aunque fuera una noche y pelear con ellos por galletas o roles, les dejaría mi parte sin pensarlo, o no, quien sabe, igual y nos volvemos a putear por el puro gusto...

Hubo muchas telenovelas más, estuvieron presentes casi todos lo días de mi vida, unas memorables como aquella "Cuna de Lobos" ahí por primera vez veía una villana loca despiadada o así la recuerdo. "Carrusel" que fue muy entrañable eran las aventuras de niños en edad escolar, me identifiqué de inmediato, quien la vió no pudo evitar odiar a María Joaquina, una cabroncita presumida muy bonita, yo deseaba tener un cochecito como el de Cirilo un vatito afrodescendiente que era muy inocente y caía muy bien. Recuerdo muy vagamente algo bizarro, que se llamó "El Pecado de Oyuki" nunca entendí que rayos tenía que ver una producción japonesa o algo así con el México de esos días, en mi mente hay unos rostros pintados de blanco como mal imitando el teatro Kabuki, la verdad no estoy tan seguro de lo que pude haber visto. "Rosa Salvaje" al fin y al cabo fue la misma historia reciclada de casi todas las producciones, incluidas las de Talía con sus Marías: Mercedes Salvaje y la del Barrio siempre es la chica pobre y peladita, poco paseada que conocía a un tipo guapo, adinerado, generalmente con dos nombres y un apellido compuesto muy apantallador.

Y me podría seguir y seguir con muchas buenas anécdotas y recuerdos hasta RBD tal vez, que fue la última novela que recuerdo haber visto a medias o lo último último que vi en casa de mis padres y en esa TV a colores de mi jefita, que fue Sex And The City, nunca lo olvido y no tanto por la serie, que si estaba chida sino porque llegaba muy tarde a casa, eran los tiempos de la universidad cuando la última clase terminaba a las diez de la noche y en lo que me daba unas buenas ensalivadas con la novia y esperaba mi camión pues llegaba a casa cerca de la media noche, y mi papá me esperaba hasta que entrara, me decía: cena y se iba a dormir, que el profe me esperara hasta tarde se sentía bien chingón, y siempre lo tengo en mi cora como una de las cosas más entrañables, con seguridad después de cenar lo más probable es que Sex And The City me terminara viendo a mi y no al revés, así como ahora que uno invita a su vinculo emocional a ver Netflix y Netflix nos termina viendo, pero esa es otra cosa.

Lo chingón de toda esa época en realidad es totalmente opuesto al ver algo en la tele, lo chingón y que si extraño mucho, era cuando la luz se iba, que delicia estar con un té de canela o lechita y como no nos veíamos no había putazos por las galletas, todo era más civilizado, en calma, en paz, una vela titilante en medio de la mesa de la cocina y no se necesitaba nada más para el buen rato que se venía. La shingada luz casi siempre se iba después de una fuerte lluvia a media tarde justito antes de anochecer, ¡Qué platicas! ¡Qué calor de hogar! ¿Ya dije que eso si lo extraño un chingo? Es que lo contado ahí por mis papás fue siempre hermoso, de cómo fue su vida de niños, de sus abuelos, de los secretos de las familias de antes; de lo profundo de conectar y conocer de dónde vengo, y la pinche luz así como se iba sin avisar, llegaba en el momento más emocionante ya la vez inoportuno y nada más para darte cuenta que solo te habían tocado ocho y no diez galletas...



viernes, 11 de agosto de 2023

Experiencias paranormales

¿Alguna vez te ha pasado algo extraño, inexplicable, tenebroso?
A mi... Poquito si, han sido varias pero tengo tres cuatro que ¡ay cabrón! en su momento erizaron hasta el último de los vellos...

Aquí van así como las recuerdo. Era una tarde noche de un domingo equis en el calendario, cocinaba algo especial y coqueto mientras mi vínculo emocional recogía el minidepa que recién habíamos alquilado, ese lugarcito tenía mucha onda, tanto por la zona como por los momentos que ahí viví, cabe mencionar que no era la primera vez que yo estaba en esa cocina preparando alimentos, pero justo ese domingo cuando quise tomar la botellita de vino para vaciar un poco a mi copita antes de rociar mi sartén, unas rodajas de champiñones salieron volando y las quise recuperar antes de que rebasaran los tres segundos reglamentarios en el piso... ¡Madres! de la nada, ahí en el piso había una huella de un pie bastante grande, perfectamente marcada con unos dedotes así como cacahuates en su vaina, obviamente que mía no era y de ella mucho menos, insisto, no era la primera vez que hubiera estado ahí, tampoco es que fuera la gran cocina, era un espacio muy pequeño casí estoy seguro que improvisado, un techo alto y el piso firme, antiguo pintado de rojo, ya lo había trapeaedo en otros domingos y esa madre no estaba ahí, fue impactante y sentí un escalofrío muy de la chingada recorrer todo mi ser, una energía muy negativa y un chingo de miedo, se dice y no pasa nada... Si salí por patitas de ahí; como cuando niño que corrías del baño a tu cuarto con las luces apagadas, con todo lo apretable bien apretadito y que por más rápido que fueras, tú sentías como el Tunche venía pegado a tu rabadilla... Mi vínculo emocional, mi apoyo y mi jardín zen, me acompañó de regreso al pinshi lugar ese —el hambre es cabrona— y aunque se hizo la muy fuerte, «y que no» «que cálmate» «que ahí siempre estuvo esa huella» «y que seguro no la vi» y una sarta de patrañas, yo sé que ella supo que nel... No había nada ahí antes...  

En otra ocasión la experiencia involucró a mi pequeña hijita bebé, tal vez tendría un par de meses y como siempre ha sido algo delicadita para eso de la alimentación resulta que la criatura tomaba una leche especial por un problema de reflujo, era una leche de jirafa, carísimo el polvito ese—Obviamente que todo eso es irrelevante para el relato pero quería contarlo, podría haber tomado leche NAN o de la CONASUPO, da igual— El punto es que todas las madrugadas yo preparaba esa lechita, era todo un ritual que exigía calentar agüita, pero no mucho, esterilizar con vapor la mamila en un recipiente especial para horno de microondas muy práctico por cierto, todo esto medio dormido aún, pues bien en esas estaba, tomé la mamila recién esterilizada, la puse en la mesa y le vertí el agua calientita, y justo cuando abrí la lata de leche de jirafa, la mamila se desplazó por la superficie de la mesa, y ahí estaba yo con la mano temblando tirando polvito de leche y la pinshi mamila poseída al otro extremo, sí sentí otra vez ese escalofrío y me hizo pelar los ojotes, si me dio miedito eh, pero regresé a mi la mamila y ni pedo, la domé y le dejé caer la leche y le puse una agitada y le recé para que su posesión demoniaca no le fuera a causar nada a la Valentina... Obviamente que esto tiene una explicación, la mamila estaba húmeda por dentro y por fuera, y al caer el agua caliente hizo que el aire que estaba atrapado en el hueco que quedaba debajo de la mamila se expandiera con el calor y levitara la chingada mamila, pero ¿quien piensa en eso cuando estás más dormido que despierto y la chamaca a punto de chillar de hambrita? 

Esa misma chamaquita cuando ya podía hablar me hizo pasar una buena, la cabroncita decía que veía a «Atonio» en el clóset de su cuarto, y a veces también decía que ese pinshi «Atonio» no se quitaba de donde ella estaba, yo no quería hacer mucho caso y la mamá también lo minimizó, pero era muy insistente con su «Atonio» y su «Atonio» para todo y cada vez era más frecuente, tratamos de averiguar de dónde madres venía, no teníamos un pariente o un amigo que se llamara Antonio, nada por el estilo, sus programas de TV eran Pepa Pig, los Bubble Guppies y Dora, nada de «Atonio» por ningún lado. No es mame, estuvimos a nada de hacer una misa en casa, o de llevar un cura para una bendición, hasta que un día resultó que el pinshi «Atonio» si era de una película, era el chamaquito que corteja a las hijas de Gru en mi villano favorito. Respiré y mi alma descansó y la de su mamá también cuando entendimos que a Vale, Antonio Pérez le llamó la atención tanto como a Agnes y sus hermanas... 

Y esta es... La más, más, más de la chingada, estoy seguro que todos, directa o indirectamente hemos sabido de algo así, fue una noche, cerquita de las doce, yo estaba viendo unos videos en la recamara y mi vinculo emocional estaba trabajando en la computadora, rentábamos un depa en un segundo nivel que daba a la calle, así pasaban los minutos y de repente escuchamos un lamento horrible, algo que nunca había escuchado en mi vida, imposible de ignorar, a ambos nos hizo sentir ñañaras de las chidas, todos los vellos del cuerpo erizados, nerviosos y sorprendidos, el lamento primero se escuchó muy a lo lejos y en un segundo estaba junto a la ventana y al segundo siguiente se volvió a alejar, se escuchaba de verdad muy horrible, mi vínculo emocional desconectó la compu a la brava y corrió hacía mi para meternos en las cobijas como si nos fuera a librar del Tunche... Tratamos de estar tranquilos y estando empiernados pos nos amaneció, ya más relajados y pensando que tal vez hubiera sido una alucinación auditiva colectiva, producto de las quesadillas con epazote de la cena, resultó que al primero que vimos esa mañana fue a mi hermano y lo primero que nos dijo fue ¿Escucharon a la llorona anoche? nos contó que él venía en la calle y que cuando escuchó lo mismo que nosotros, sintió como su trasero lo abandonaba. ¡Madres, no fueron las pinshis quesadillas¡ Hasta hoy lo sigo rememorando y vaya que ha sido la experiencia más pinche horrible que me ha tocado escuchar...



 

jueves, 29 de junio de 2023

Curso de verano

Siempre he dicho que cada quien elige su veneno... que todo en exceso es nocivo, que los extremos son muy malos y ahí estaba yo en una pandemia naciente sin tener claro hacía donde iría todo, si la libraría, si en algún punto todo se iría al carajo... De repente todo me cambió y no es que me sienta un unicornio morado especial, simplemente estoy relatando mi parte de la historia que a todos, de una u otra manera les pegó —Seguramente existe banda con una inteligencia emocional muy chingona que no les afectó en nada, incluso que hoy aún no creen en la existencia del COVID, así como los que creen que la tierra es plana o hueca, pero la mayoría de mis conocidos vaya que los afectó— Hubo quién se aisló y no veía noticias para no angustiarse, hubo quién veía noticias y notas para angustiarse más, hubo quien terminó una relación y quién en medio del caos pandémico encontró el verdadero amor; estuvimos los que lavamos las compras completitas y nos bañamos en desinfectantes al salir y al entrar a casa y los que no...

Y así podría seguir con diferentes prácticas, unas muy raras y otras no tanto, la realidad es que no todos la sufrimos igual, un abrazo a la distancia a quien le toco el encierro y cuarentena en alguna navidad, cuando empezó muchos creímos que justo para la cenas de fin de ese año nos íbamos a reír de ese maldito bicho mientras le pedíamos a la suegra más ensaladita de manzana y a la cuñi que nos pasara un poco más de cremita para las tostadas antes de cucharear el pozole, pero eso no pasó al menos no ese año y sí fue un 2020 para el olvido... 

El encierro, los miedos y las angustias por la pandemia y penas ajenas al virus hacían muy difíciles los días, todos eran el mismo, todos eran martes, el peor día de la semana, no había forma de que yo distinguiera una mínima diferencia, no había forma de hacer ejercicio, ni ánimos siquiera porque bien se podían haber llenado unos garrafones de agüita y fabricar unas pesas hechizas con unos palos de escoba o qué se yo, de que se podía se podía, solo que el poder de los pensamientos propios a veces suelen ser muy crueles. Chamba hubo todo el tiempo de pandemia, lo que para mí serian solo un par de meses hasta hoy no ha cambiado, pues sigo trabajando desde casa, pero hoy es una situación muy cómoda y muy diferente a la de esos primeros meses. Pero no sé por qué madres me sentí tan mal, no sé si extrañaba el tráfico, la gente, el contacto social, el estrés de conducir en los días de lluvia o en el transporte, no sé, el asunto es que experimentaba una angustia horrible por haber perdido mi rutina de un día para otro... De repente el trabajo exigió un poco más de atención y eventualmente me fue atrapando y al no hacer ejercicio pues ahí se fue casi toda mi atención, lo otro en problemas que no dependían de mi pero que quise resolver sin éxito alguno y justo en medio unas deliciosas y crispeantes bebidas alcohólicas...  

Los días comenzaban con una taza enooooorme de café recién hecho, roles de canela casi diario, trabajo, correos, juntas virtuales, preparar comidita, más juntas, más café y más trabajo y dormir, —Y lavar trastes, muchos trastes, nunca en toda mi vida he lavado tantos trastes como ahora, el jaboncito Roma ya tiene muy maltratadas mis manitas, me volví un crack para lavarlos rápido y es todo un ritual que incluye una play list especial para ese "quihacer"— Cuando ya pude ir distinguiendo los días de la semana y llegaba el "viércoles" después de la hora de la comida me permitía una copichuela de vino rosado —Zinfandel de L.A. CETTO no es por nada pero con unos frutos rojos congelados en el fondo, ah que rico sabe— así para pasar la tarde entre el zoom, el photoshop, el correo electrónico y viceversa y lo mismito para las tardes del jueves y viernes, con bastante "agusticidad" para cerrar la semana laboral. Solo que como decía, todo en exceso es muy malo, yo estuve a nada de perder el control, si me llegué a decir que todo estaba bien, si me excusé en argumentos absurdos cuando me dijeron que ya estaba abusando un poco, decía cosas como que "exageraban porque no hacía desfiguros ni perdía la conciencia", y es que, según yo, no bebía mucho pero tal vez sí mucho muy seguido... Que si el vino rosado para la tarde noche, que si el tinto para después de comer, que la cerveza de trigo para trisitear y terminar la semana, que si un trago de wiskisquilucan para sentirme importante y así como si no hubiera mañana creyendo que tenía absoluto control, hasta que un día de la nada mi hija me hizo un dibujo, era un semáforo rojo y me dijo que cuando esa hoja estuviera pegada en mi puerta yo no podía tomar, al principio me hizo mucha gracia, no le tomé importancia y me fui al refri tomé mi botella de vinito y me serví una copita y a chambear y ¡madres! ¡maaaaaaadres! al ver mis correos y pendientes caí en cuenta que era lunes que no era el medio día siquiera, y yo ya tenía una copichuela en mano entonces y solo entonces me cayó el veinte de que me estaba súper pasando de verdura... 

Hoy estoy seguro que por nadita y hubiera terminado en un curso de verano para dejar de chupar, tal vez exagero pero ninguna adicción se hace de un segundo a otro y así como iba no hubiera tardado tanto en perderme; esa semana decidí con un chingo de fuerza de voluntad que ya no mames, me regañé porque también coincidió que hice limpieza y junté todas las botellas vacías en una esquinita y eran un chingo más de cuarenta, entre vinos y cervezas de trigo y una que otra rareza y solo las de esas últimas semanas porque antes ya había tirado algunas... ¿Por qué las guardaba? sepa, creo que... No, no sé por qué la verdad, pero sí perdí el control un par de veces: festejando mi cumpleaños por ejemplo y con mucha vergüenza porque eso no se debió hacer, solo que en algún punto creí que era importante porque me justifiqué en que "hoy estamos mañana quien sabe" otras tantas destapando caguamas enormes de modelo con mis hermanos, para matar la ansiedad más que la sed... —Hoy no las puedo ver me hacen mucho mal, las caguamas no mis hermanos, a ellos los amo— 

Tal vez me dió miedo o simplemente me di cuenta de que no valía la pena como para perder la paz y la tranquilidad y la salud por unas copichuelas o unas cheves y no solo dejé el chupe sino hasta los pinches roles bimbo. —Eso si, el café no, podrá hacer un calor infernal o lo que sea pero el café recién hecho jamás faltará— Si bien todo seguía cerrado y la situación no parecía mejorar el cerro estaba disponible y solito, entonces me armé unas rutas para salir a correr y cansar el cuerpo para así cansar la mente y dormir en paz sin pensar pendejadas, descubrí una plataforma de programas de radio y podcast en vivo que me ubicaban en los días de la semana, estaba conociendo mucha música y grupos y además la banda de rock que había crecido con mi generación tenían nuevas rolas, rolones... los pinches Strokes y ese fue sin duda el disco que define mi soundtrack de la pandemia, lo escuché casi casa día, entre muchos otros como una chica que cantaba vete de una vez y ya no vuelvas que también me acompañó muchas mañanas mientras corria y todo eso me tenía en otro canal, es muy gracioso pero le tomé mucho gusto a los Rolling Stones, pero mucho, también reafirmé mi repele a los "bitles" —Me dan mucha flojera,  un par de rolas medio se salvan— Conecté y re descubrí grupos y cantantes que jamás creí, no sé si por la edad o porqué pero Luismi ha tomado sentido con esos pinches rolones como inolvidable y la incondicional, pero también conocí muchos nuevos, le abrí mi corazón al reguetón por ejemplo —No es lo mismo lavar los trapos de la cocina con la Bichota de fondo que lavarlos así a pelo— También conocí una banda llamado PULP, que para mí eran actuales, una joya y vaya sorpresa cuando supe desde cuando vienen tocando ¡Maldita sea! me los he perdido desde siempre y ni en cuenta. Aprendí más recetas de cocina y también experimenté e improvisé unas propias, me hice muchos tatuajes y aunque fue casi con la misma justificación de hoy estamos mañana quien sabe, la realidad es que desde que era muy chavito siempre había querido hacerme rayas como hasta quedar como banca de secundaria... 

Eventualmente los negocios fueron reabriendo poco a poco, entre ellos los gimnasios y si bien no estaban operando al cien ya había clases en espacios abiertos, se sentía de nuevo el contacto social y eso me ayudó mucho más, ya tenía una vacuna en mi sistema, pero el punto es que toda esa revoltura de emociones y sensaciones me habían alejado un chingo de un buen curso de verano. Nunca dejé de tener trabajo, ya le agarré el gusto muy rico a las ventajas del "JOMOFIS" para mi aún no acaba y espero que así siga, he visto crecer a mi hija y he pasado mucho tiempo con ella y eso no tiene precio —El dibujo del semáforo en rojo que me hizo sigue pegado en mi pared—.

Hoy descubrí gracias a una mala experiencia que ya no tolero el alcohol, fue en una salida al karaoke donde me pedí al mismo tiempo mi rola de Luismi y un whiskey y madres solo recuerdo que canté y PUM hasta ahí, desperté y tardé en ubicarme, yo juraba que nos habían corrido a las cinco de la mañana por el fiestón que armamos y no, no fue así, creo que no llegamos ni a las diez y media cuando ya íbamos de regreso, muchos meses juré que había bebido algo adulterado hasta que poco a poco fui notando que cualquier bebida alcohólica por inocente que fuera me mareaba muy cabrón como cuando en una cita romántica, la tostadita de atún sellado que me pedí incluía una inocente y muy fría coronita de cortesía y me la tomé y la de date también y después ya no pude conducir por la mareadota que me dió, tuve que salir del restaurante de su brazo, ella tomó el auto y no dejaba de reírse de mi... Ahí supe perfectamente que ya no iba a ser como antes, como cuando pasaban los primeros meses de la pandemia; yo que fui aquel de tragos fuertes en mano, de tequilas derechos y que el whisky era mi bebida espirituosa favorita, hoy soy más de un buen vino —Esa madre es un excelente lubricante social para sacar las mejores pláticas pero una copa y ya está— Soy más de los tragos de señora —Que seamos sinceros, esos son más postres con un toque de alcohol que bebidas en sí— Prefiero que si una conga, que si la piña colada, que si las medias de seda o mi favorito: el carajillo y lo más fuerte en memoria de esos tragos de macho que muchas veces me tomé es un Gin Tonic con sus rodajitas de cítricos, pero aquí entre nos descubrí que en realidad lo que me gusta es la bebida tónica sin el Gin, las venden en el walmitar y con mucho hielo para mi saben bien chingón así solitas.

Ya no tolero una borrachera como antes, como tantas que tuve y por las que perdí cosas valiosas, y momentos irrecuperables, ofendí muchas veces, otras tantas fui muy imprudente y demasiado impertinente, pero me descubrí y me reconocí como una persona con fuerza de voluntad para dejar lo que me hace daño, tardo, pero una vez que lo logro ya no me afecta, así como el trago o como los pinches roles de canela, y no es que dejes de consumirlos sino que simplemente cuando los vuelves a probar ya no saben ni tienen el mismo efecto, y a así eventualmente será para muchas situaciones que aún dejo que me hagan daño.


martes, 27 de junio de 2023

¿A qué chingados te mandé?

Ojalá haya sido un gran día de cumpleaños para ti madre, espero que hayas festejado mucho...
hagamos un pacto que yo nunca me olvide de tu cumple y tú solo encárgate de vivir para siempre 
señora cabroncita.

Hoy recordé una historia muy graciosa y la quise dejar por aquí e irme lentamente antes de que te me enojes de nuevo cuando la leas, —En mi defensa diré que no fue con mala intención y demás si no hubiera pasado, hoy no tendríamos de que reír—.

Corría el año de 1900 y algo, creo que 93, teníamos poco de haber cambiado la moneda en curso, recuerdo que se le decían nuevos pesos y era un desmadre los pinches de las tienditas se ponían algo necios y de la nada ya no recibían dinero que no tuviera N$ grabado o impreso, esto aún cuando en la tele y radio se comunicaba lo contrario, o sea sí existía una fecha límite pero le faltaba un ratote.

Las monedotas pesadas pasarían a la historia y darían lugar a unas más pequeñas, y aquí comienza lo que en realidad quiero contar, las monedotas eran practicas, había cinco diferentes denominaciones; iban de los 50 centavos con Morelos si no mal recuerdo hasta la de 1000 pesos con Sor Juana, en medio las de 100 200 y 500, mi fiel compañera por muchos años fue la 100 con don Venustiano Carranza, de éste ejemplar, tú me dabas una todos los días para gastarlo a la hora del recreo ¿te acuerdas? pues creéme que con ese varo se hacían maravillas por allá en 1989, esta fiel compañera versátil era aliada de padrinos y tíos, ideal para dar cómo domingo a chamacos latosos, o como limosna en la misa pero lo más destacado era que por sus características físicas por muchos años fue usada para ser introducida por una ranura y darle vida a los videojuegos en las maquinitas, dependiendo tu suerte pasabas largas horas de juego, esto mientras en casa la familia esperaba las tortillas, o refrescos, o pan o lo que fuera, que te hubieran mandado, la realidad es que las retas entre la banda de cuadra se tornaban épicas y no podías abandonar el juego así como así, nomás por llevar a tiempo el mandado, digamos que te veías mal.
Así estaba yo una tarde de muy buena suerte frente a la maquinita, Mortal Kombat 1 era el motivo, practicaba mis mejores trucos y habilidades aplicando fatalities sin piedad, sin exagerar mi record más menos 15 victorias al hilo y las monedas formadas al calce de la pantalla, cuatro amigos panzones que claramente no estaban soportando tremendas madrizas y no podían sacarme, ¿a qué me habías enviado a la tienda? no puedo recordarlo, pero a jugar a las maquinitas no creo, el punto es que en la batalla más apretada y cerrada cuando ésta exigía mayor atención; de repente sentí una mano que tomó mi despeinada cabellera y que también sacudía mi cabeza brusca y salvajemente, estoy seguro que quería arrancarla justo como ZubZero que era el personaje con el que jugaba en ese momento, de inmediato pensé que era algún ardido de mis compas, sólo atiné a gritar ¿Qué te pasa pendejo? pero justo no acababa de decir ..."pende" cuando ya no me pude regresar las palabrotas a mis hocicos pelados y groseros, ¡Qué sustote, la boca se me secó del terror! eras tú "pregungritándome" ¿A qué te mandé? ¿A que chingados te mandé? Obvio sin soltar mis greñitas, cómo pude, logré zafarme de tu mano vengadora y correr hacía mi bici, salir en chiga lejos de mis amigos y conocidos para llegar a casa y… y nada, ¿Ahí hacía dónde te mueves? Cuando llegaste me terminaste de ejecutar pero bueno ahí ya no había testigos, y es que del susto no se y no recuerdo hasta hoy día qué madres me encargaste de la tienda esa tarde.
Que vergüenza con los panzones, esa vez no solo perdí mi record también perdí un poco de respeto con el barrio, tu confianza y es que para se honesto creo que eso sólo fue el colmo de tu paciencia pues por esos días siempre tardaba horas cada vez que me mandabas a algo.
Algunas tardes que seguí jugando, mis amigos utilizaron el terror psicológico por mucho tiempo para desconcentrarme, de repente y de la nada, a medio juego gritaban: ¡Ahí viene tu jefa! Mi cara debe haber sido muy pinche graciosa siempre porque nunca dudaba y siempre me aseguraba que no fuera cierto, entre tanto dejaba de poner atención al juego por salvaguardar mi desgastada dignidad, y pues me vencían.

Feliz cumpleaños mamita chula hermosa, tengo la mejor madre del mundo, gracias por ser mi guía y por corregir mis malas pasadas, en mucho soy lo que soy gracias que siempre haz estado ahí...
Te amo.

viernes, 23 de junio de 2023

Tu primer beso... ¿Cómo fue?

 Tu primer beso... ¿Cómo fue? 

¿Fue robado, prestado? ¿Tú lo diste o te lo dieron? ¿Hubo lengüita o fue de trompita no más? ¿Mordelón a caso? ¿Demasiado húmedo o demasiado seco?... ¿Fue memorable o simplemente pasó y ya?

Yo no tengo taaaan claro cómo fue el mio, a veces pienso que hubo todo eso, otras no tanto o pienso que solo es que debía pasar. Tenía casi quince años y a estas alturas de mi vida creo que eso fue más un rescate que otra cosa, porque para mi aquello era una carrera contra el tiempo en aquel verano de 1997 siento que por nadita y llego a la preparatoria sin haber besado nunca, ni siquiera a mi mano, bueno ni al espejo de perdida. Asumo que ella pensó que yo sabía besar y yo nunca dije que no fuera así porque no tuve el valor de decir que esa fue mi primera vez... 

Fue lindo eso sí, pasó justo a tiempo y se agradece, cuando vinieron otras ensalivadas le tomé bastante gusto al acto, nunca me atreví a robar un beso, más bien me robaron algunos y también hubo varios desagradables pero para ti ¿cual sería el beso más chingón, el más memorable? ya sea por pasional o por tierno, pero el tema es solo de besos que provocan ir hacía la caricia prohibida... O no... No sabemos, a veces labios vemos, besitos de vaca no sabemos...

Yo tengo uno, el más chingón, es el más lindo y excitante, es ese beso que esperas que suceda, que llevas días pensando en cómo se puede lograr, que imaginas cómo será, que no apartas de tu mente la forma de sus labios porque ya los memorizaste de cuando han platicado, que te tiene con la sensación de que si sucederá pero al mismo tiempo lo dudas y aunque hay muchas señales que ella también lo espera la realidad es que no sabes como romper esa barrera, sabes que ya te perdió el asco pero no sabes cómo consumar y coronar ese hecho juntando tus labios con los suyos, total que estás como en una especie de angustia, de dulce angustia de no saber si podrás o no rebasar ese límite.

Pero si pasó, y oooooooots se sintió tan bien, la recompensa en los estímulos que percibí en todo mi cuerpo fueron casi como si me hubiera dejado una parvada de cuervos en el pecho que me duró días... Ella también lo deseaba, estoy seguro solo que jamás lo va a admitir pero eso se nota, al final no éramos unos desconocidos, digamos que a manera de percepción de vibras las nuestras ya habían congeniado, así cómo en la película Avatar de alguna manera hubo un enlace invisible entre sus demonios y los míos que hizo que me perdiera el asco desde hacía mucho pero no me lo iba a decir,  fue algo tierno o al menos eso espero que ella siga pensando, paso así, se los contaré sin tanto detalle porque es una historia compartida y no tengo todos lo derechos: yo moría por besarla y ella lo sabía insisto que lo sabía, estaba admirando su carita hermosa mientras platicábamos de algo, bueno ella hablaba porque yo moría de nervios por lo que estaba a punto de pasar, ya tenía un paso ganado porque su mano ya estaba jugueteando con la mía pero algo la detenía a dar ese pasito final, un miedo o algo o no sé qué y sólo se me ocurrió retarla y le pregunté "¿Cuanto apuestas a que te puedo dar un beso sin tocarte los labios?" y me dijo algo así cómo: ¿Eso qué? eso no se puede "¿o vas a salir con la tontería de morderme la mejilla?" Le aclaré que no, que era un reto serio que le pusiera una cantidad, yo saqué un billete, dudosa pero segura de que mi propuesta era tonta o de que no tenía sentido o tal vez ambiciosa por que se iba a ganar el billete, o simplemente pasó que la curiosidad le ganó y aceptó, entonces yo le tomé sus hermosos cachetitos, le pedí que cerrara los ojos y le dí un besote, no supo ni qué pedo, enseguida le dije perdí, no pude besarte sin tocarte lo labios y le pagué. Creo que hacía falta algo así para romper esa barrera, claro que se hizo la enojada pero no pudo dejar de reír y de sentirse nerviosa... Ambos, cada quien por su lado estoy seguro que no dejamos de pensar en ese momento de camino a casa. Cuando nos volvimos a ver, les juro que boquita nos hizo falta para la ensalivada que nos dimos....