viernes, 26 de mayo de 2023

Doce años

"Son doce años ya desde que llegaste a nuestras vidas, y un poquito más desde que supe que vendrías. Fue una tarde de jueves, no exagero ni alardeo, estoy seguro de qué día era. Ya medio sospechábamos que estabas en camino, esto porque tu mamá vomitaba y se quejaba de todos los olores. De hecho, se quejaba de todo mucho más de lo que estaba acostumbrado. Esto nos llamó mucho la atención a ambos, obviamente pensamos que estaba embarazada. Pero como ya habíamos tenido muchos intentos y no llegabas, decidimos asegurarnos. Así que después de un par de llamadas y una cita, la señora pudo realizarse unos análisis para ver qué pedo. Ya había habido otros episodios similares e insisto, nos dejabas en visto y no respondías, igual que ahora, igualito. Así que esta vez revisé los resultados por Internet porque tu madre no quería verlos. Temía que fueran malas noticias.

Es extraño, siempre pensé que un día llegaría a casa y mi esposa me diría: 'Viejo, siéntate, tengo que decirte algo. ¿Estás listo?... Vas a ser papá'. Y lloraríamos y nos abrazaríamos. Obviamente, no pasó. Eso era muy romántico para la personalidad de tu jefita. Regresando un poco, leí los resultados, y decía que había varios miles de unidades de gonadotropina en la muestra. ¿Qué significa esto? No sé. Creí que el estudio diría positivo o negativo. Esta idea falsa de los estudios de embarazo creo que tal vez fue producto de haber visto muchas telenovelas con tu abuela Ceci. El punto es que, al no tener ni puta idea de lo que significaba lo que estaba leyendo, preferí llamarle a nuestra doctora. Para ese entonces, ella había estado presente en muchas consultas, digamos que ya nos conocía muy bien. Le dije lo que leía en pantalla y me dio la noticia más emocionante de toda mi vida: ¡iba a ser papá! Y aquí viene lo más extraño. Llamé a Ivette y le dije: 'Siéntate, tengo que decirte algo. ¿Estás lista?... Vas a ser mamá'. Nos alegramos, y no, no nos abrazamos porque fue por teléfono.

Me desvié un poco, ya que aún no te he dicho cómo y en qué condiciones te conocí, pero era necesario detallar cada momento. Quedamos que era un jueves, la cita con el Dr. Valle, un tipo de lo más serio que puedas imaginar, sin ser presuntuoso. Podría parecer de cualquier profesión u oficio, menos un ginecólogo. Salvo la batita amarilla que de vez en cuando usaba. Estuvimos muy puntuales, pero no íbamos solos. Llegamos con muchos miedos, dudas y bastante ignorancia. Tardamos un poco en pasar al consultorio.

Era una sala de espera pequeña, con paredes blancas y un par de sillones de piel un poco desgastados pero muy cómodos. Cuando por fin nos llamaron, todo pasó tan rápido. A tu mami la preparó una enfermera mal encarada. Primero le dio una bata, le pidió que se desvistiera tras un biombo y la recostó en una mesa de auscultación. Enseguida tomó un tubo de gel y colocó un poco en un aparato muy parecido al que usan los cajeros en el supermercado. El Dr. Valle encendió algo parecido a una computadora que parecía de alguna película vieja. De verdad, por un momento sentí que intentaba conquistar el mundo por medio de ese aparato, más que hacer una revisión médica. Ese armatoste tenía muchos botones, palancas y una esfera cromada que hacía la función de un mouse. Tomó el aparato con el gel y lo pasó por el vientre de Ivette. Al momento, apareció un punto blanco que pulsaba. Hasta aquí no tenía ni idea de qué pasaba. Justo en ese momento... el doctor dijo: 'Pues bien, todo parece estar muy bien. El saco no está vacío y ese puntito que palpita al centro es el corazón de su bebé'. Mis piernas se doblaron, porque además se escuchaban los latidos de tu diminuto corazón. Era un sonido fuerte y claro, y desde entonces sospeché que tendrías una energía interminable. Y hasta hoy no me he equivocado. Y así fue cuando yo te conocí.

Feliz cumpleaños, mi niñe, mi muñequite de pastele. Te admiro mucho y te amo con el alma, y te quiero libre, siempre libre. Libre de ataduras y vínculos emocionales, libre de pensamiento y del corazón."

miércoles, 10 de mayo de 2023

Yo tengo la mejor mamá del mundo

 Yo tengo la mejor mamá del mundo...

Hace algunos años, en el verano de 1987 para ser preciso, sin mucha conciencia más que mis impulsos, mi sentido de libertad, mis ganas de verme separado aunque sea por una semana del yugo de mi madre y su autoritaria forma de educarme, me llevaron a pedir unas vacaciones, un respiro, pero ¿a dónde puede ir uno a la edad de cinco años?, sino con la abuela consentidora, carente de firmeza y con un nulo sentido de autoridad hacia su nieto preferido y con un desbordado corazón donde estábamos un titipuchal de primos, hijos y anexas, ¿de qué huía? ¿qué puede hacerle una madre a su hijo de 5 años en contubernio de su ogro marido? Pues muy sencillo, puede enseñarle a leer a temprana edad — ¡qué salvajada más infame! — también puede enseñarle a contar hasta cien — ¡una brutal tortura! — entre ambos lo orillaron a saltarse las dulces y bondadosas planas de palitos y bolitas para encaminarlo de lleno con toda conciencia y alevosía a las letras y sin comenzar por las vocales. También con cierta malicia en sus planes macabros de ambos, creo que era hacer de este pequeño una suerte de cocinero prematuro, aprovechándose de su infinita curiosidad. Recibía lecciones de cocina que inundaban sus sentidos, era sometido a aromas, formas y técnicas diversas que con el tiempo lo atraparon en ese mundo. También, con pretextos baratos, lo hacían lavar sus trastos de la cocina, incluso sus ropas. El castigo por pintar los pantalones de verde justo a la altura de las rodillas era salvaje y aterrador, y eso que solo pasaba por andar jugando en los pastos. Esa penitencia consistía en despintarlo a puro bracito en un lavadero de piedra sin más ayuda que una enorme barra de color rosa llamada Jabón Zote.

¿Quién no querría un poco de libertad de ese autoritario sistema que usaba los gritos como arma de tortura e imponía tareas interminables como transcribir textos de los libros escolares a una libreta, y por cada error que detectara, hacer una plana con la respuesta correcta? Y si por desgracia eran más de cinco, no había de otra más que repetir la copia. También me ponía a resolver operaciones matemáticas a cambio de media hora de televisión —mucho tiempo— y sin que se diera cuenta utilicé la calculadora científica de mi padre hasta que me atrapó en el acto y... me fue mal para pronto. Todo esto para poder ver a los Guardianes de la Galaxia —un trueque bastante ventajoso—. Pues bien, en cuanto se dio la oportunidad de estar una semana lejos de todo esto, lo aproveché, no sin antes recibir una dosis de chantaje con preguntas tan perfectamente estudiadas para intentar tambalear la decisión de este pequeño revolucionario, cosas como "¿No me vas a extrañar? Vas a llorar, y no podré ir por ti, ¿eso quieres?", pero mis ganas de libertad no se vieron afectadas, se cimbraron pero nada más. Cogí valor y no me detuve.

Las letanías de mi madre no pararon en la puerta de mi casa cuando salía tomado de su mano y con mi pequeña maleta, sino que en casa de la abuela, a varios, varios kilómetros de distancia, continuaron. Pero ya iban en otro sentido, ya no eran para mí. La carga emocional y la psicología eran distintas. Era un discurso más amenazante dirigido a mi abuela. En resumen, mi madre sentenciaba que si a su pequeño esclavo le pasaba algo, la iba a conocer. Sólo que mi abuela, con esa inteligencia emocional y su infinita paciencia, la escuchó, pero hizo caso a la mitad de sus peticiones, por no decir que la ignoró.

Una sentencia de mi madre era que, por una extraña razón, presentía que mi abuela estaba planeando un viaje a su pueblo natal, al bello y hermoso estado de Michoacán... ¿Por qué sospechaba eso mi madre? No sé. Creo que está dotada con una suerte de sensor de desgracias o con un don de adivina, o algo aún peor, es como un oráculo. Es decir, si ella dice: "no hagas tal o cual cosa porque te puede pasar tal o cual cosa", y si uno decide desobedecerla, pasa exactamente la desgracia descrita anteriormente.

Evidentemente, a mi abuela le valió tres cominos, y en la madrugada nos fuimos a Michoacán. ¡Qué huevotes los de mi abuela! Tomó sus maletas, mis cosas, las cosas de la tía ratona (una suerte de tía a destiempo ya que tenía mi edad. Magda es la hermana menor de mi madre. Lo de ratona se lo asignó su profesor de primaria. A su corta edad tenía más sobrinos que otra cosa). No tengo muchos detalles del viaje, un par de autobuses tal vez, comer unas ricas tortas de frijol y queso a medio camino. Que aunque fuera largo, el hecho de tener plena conciencia de estar como prófugos lo hacía bastante agradable y lleno de adrenalina. Yo le pregunté a mi abuela qué haríamos si se daba cuenta Ceci, pero ella sólo se limitaba a decir: "¿Y qué me hace tu madre?" Y pues sí, ¿qué le podía hacer mi mamá?

Muchas veces escuché del rancho donde había nacido mi mamá. Muchas veces oí a mi abuelo contar divertidas historias de ese lugar, y por fin lo conocía. Y también conocí a muchos familiares que no tenía idea siquiera que existían. Volví a ver a mi bisabuela, una señora hermosa con miles de arrugas en el rostro que era hipnótico ver su rostro. Siempre con un cigarro delicado encendido en medio de los dedos de la mano derecha. Era un espectáculo ver cómo lo apagaba con la lengua no sin antes haber encendido otro. Me tocó ver cómo las primas de mi madre se levantaban diariamente de madrugada para llevar el maíz al molino para hacer las mejores tortillas que jamás he probado. Solas son deliciosas, pero son los frijoles que se preparan allá los que no tienen igual en ningún lado. Es un manjar. "No he vuelto a probar algo así, no sé qué es, si la cazuela de barro, la manteca o el corazón con que se preparan o todo junto, pero qué rico se comía al pie del fogón". Ver cómo se inflaban las tortillas al calor del comal es el mejor espectáculo del que pude ser testigo.

Todo estaba perfecto, el viaje estaba como lo planeado, muy a gusto, sin contratiempos. Yo no recordaba ni que tenía madre ni hermanos ni nada, pero las profecías de Ceci pronto se harían presentes cuando una tarde de lluvia -por aquellos lugares llueve con tal intensidad que es hasta perturbador y a la vez tan placentero que llega a ser muy relajante- un primo llamado Alejandro brincaba del quicio de la ventana que medio iluminaba una de las recámaras. El salto lo llevaba hacia la calle. Lo repitió tantas veces a manera de juego que a mí se me hizo fácil intentarlo. La verdad es que lo sentí como un reto y así, sin tanto pensar, ya estaba trepado en el borde de la ventana listo para dar el salto. Recuerdo que no era una gran altura, se podía librar fácil. Ya había visto a Alex cómo lo hacía. Esta era una suerte que no requería mucho esfuerzo, y lo hice. Salté, pero salté hacia arriba, no directo a la calle. Y al haber hecho eso nunca contemplé las láminas que sobresalían a manera de marquesina y las golpeé con la cabeza. Hecho que me descontroló y me envió descompuesto y aturdido a caer sobre la mano derecha con todo mi peso. De más está decir que solté un llanto de horror que estoy seguro mi madre escuchó. Días antes ya había tenido un aviso. Cuando la tía ratona y yo accedimos a treparnos a una yegua, nos pusieron un banco y con muchos esfuerzos nos montamos. El pedo es que nadie había atado la silla. El animal, en cuanto sintió el peso, salió disparado dejándonos en el aire. Nos dimos un buen madrazo y un susto que pasó rápido convirtiéndose en carcajadas. Yo creo que mi abuela se espantó de a deberas, y aunque tomó las cosas con calma, no dudó en revisarme y tratar de aliviar mis molestias. Al día siguiente, me llevó junto con mi bisabuela a ver a un huesero unos pueblos más adelante, San Francisco. Lo recuerdo perfecto. Llegamos donde un señor alto, de mirada perdida, con una piel como si estuviera seca y de color cobre nos esperaba me dio una sobada con cremas y aceites, puso una venda, cobró y a la chingada. Yo me sentía igual o peor, pero no dije nada.

Las vacaciones acabaron pronto. Mi madre hizo el drama de su vida cuando se enteró de que me fui a conocer su pueblo natal sin su permiso. Hoy la entiendo perfecto. Me pone de muy mal humor cuando consienten de más a mi hija, cuando sus abuelos o tíos o quien rayos sea toma decisiones sin consultar, cuando llego a buscarla y no está porque ya se la llevaron. Y no por ser egoísta, sino por la preocupación que genera el que ande lejos de mi control, de mi protección. Es una angustia terrible. Pobre de Ceci, debió haberla pasado mal. De alguna manera menos exigente, mi pequeña también es mi esclava. Ya lava trastes, ya se encarga de su cuarto, y está aprendiendo a cocinar poco a poco. En realidad, estoy agradecido con la forma en que mis padres me educaron y formaron. Gracias al carácter severo y poco tolerante de mi mamá, es que sé hacer muchas cosas. Y sí, me da terror que un día Valentina me pida vacaciones cómo yo lo hice alguna vez.

Al final del viaje, ya en casa, yo me quejaba demasiado cuando tenía que usar la mano derecha o sea... todo el tiempo. Supongo que a mis padres les llamó la atención también, y paramos en el hospital. Pobre de mi padre, le acomodaron una regañada y casi terminamos en el DIF por maltrato infantil. Lo llamaron inconsciente salvaje y no sé qué más. Ya que producto de la caída, me rompí la muñeca. Más de un mes con yeso, desde el codo hasta la palma de la mano. Se veía muy chido ese yeso lleno de firmitas y dibujitos de colores. Esa gritoniza pasó directo a mi abuela por parte de mi mamá. Ya ese es tema de ellas cómo se hayan arreglado, pero es una anécdota que aún se recuerda, que aún está presente. Mi madre la platica con más coraje. Después de ese primer viaje al rancho, hicimos varios más, y en cada uno ocurrieron mil cosas.

Pasé muchas aventuras con mi abuela, desde bebé, como cuando me llevó a Chalma, obvio sin permiso, y no llegamos a tiempo para evitar que Ceci se diera cuenta, porque se descompuso la vieja camioneta del abuelo. Y que, para calmar mi llanto, compró leche en una tienda y me la dio en una botella de caguama —solo espero que haya sido Victoria, odio las coronas—, pero ya en otro momento las contaré con más detalle.

Amo a las mujeres de mi familia. Ceci, espero que te guste esto que escribí. Sabes que te estoy agradecido. A dondequiera que andes, abuela, te amo y no te olvido. Nunca te eché la tierra como me lo pediste. A mi bisabuela corajuda que siempre me llamó muchachito, su muchachito —¿recuerdas cuando me regañaste por estar lavando mis pantalones y obligaste a mis tías a hacerlo, pegando de gritos y diciendo "muchachas cabronas que no ven a este jijo lo que está haciendo, se le van a caer los huevos, órale a lavar esos pantalones"?—, yo te recuerdo con mucho cariño. Por sus enseñanzas e influencias es que soy lo que soy.

¡Feliz Día de las Madres!







sábado, 29 de abril de 2023

Así somos los Faustino

El señor que está en el medio es mi papá. Él está con sus hermanos y los tres son tipos duros en apariencia. En toda mi vida, nunca me habría imaginado platicando del amor y otros demonios con ellos, o de su pasado y su infancia, de sus carencias, pero no de las materiales sino de las emocionales, de cómo perciben a sus hijos, de qué les faltó pero principalmente de lo que les sobra. Mi hermana y yo preguntamos libre y concretamente, y pudo haber quedado ahí, pero una buena charla es de ida y vuelta, y así pasó. Obtuvimos respuestas como me gusta, con anécdotas y vivencias. También hubo debates chingones, intercambio de ideas y posturas, pero todo acerca de la vida y de cosas muy personales, nada de política o de religión. Hasta quedamos con tarea para llevar. Mi hermana y yo leeremos algunos libros que bien nos hacen falta para comprender más la vida, y ellos se llevaron la encomienda de abrir su corazón a mis propuestas de no postergar sus planes.

Son mi ejemplo en muchos sentidos, principalmente mi papá. Cuando crezca, quiero ser como él. Quiero ser como los Faustino. Me emociona mucho que sean mi familia, y aunque no están todos ni todas en la foto, sí lo están en el corazón. Con los años, voy juntando más argumentos para poder definir de qué están hechos los Faustino. Sé que de otras maderas, sé que están forjados con el sol, con la vida del campo. Sé que el amor está ahí en los hechos, en las acciones y no tanto en abrazos o mimos. Sé que la empatía, la lealtad y la solidaridad son su característica principal. Si bien eso no se hereda, si se aprende. Me falta mucho, pero también soy un Faustino.

Durante mucho tiempo, creí que la mejor analogía para definir a mi familia era compararlos con la forma en que se logra un buen vino, pero sería muy básico. Y aunque el vino me gusta mucho, siento que aplastar uvas y dejarlas fermentar para después embotellar no suena muy complejo, así que no. Yo estoy seguro de que los Faustino son más como un buen mezcal. Es un proceso mucho más complejo. La materia prima que es el agave necesita un chingo de tiempo de maduración antes de poder ser cosechado. Se requiere de una buena maestra mezcalera, mi abuela, ella es la mera mera de este proceso. Ella cosechó el agave, lo coció y lo trituró a mano. Eventualmente, se requirió un maestro para la destilación, uno especial, y ese seguro que es un proceso igual de delicado que no cualquiera, solo mi abuelo y lo hizo muy bien. Los Faustino no son un tipo de mezcal, son varios, y cada uno se disfruta de diferente forma: a sorbos, así poco a poco y con calma, de chingadazo, directo de la botella o con su rodaja de naranja o hasta con limón, pero todos siempre dejan una sensación cálida en el pecho. Así somos los Faustino

domingo, 1 de enero de 2023

¿Y a ti ya te quieren como quieres que te quieran?

¿Y a ti ya te quieren como quieres que te quieran?

¿Así funciona?
De verdad el amor es una cajita de deseos idealizados que debe ser tal cual está concebido en la propia mente o es algo que se construye con base en pláticas incómodas y una eterna negociación, es decir, hablar y solucionar los temas incómodos esos que conforme vas desenredando te van dando paz y estabilidad, pero tal parece que es más sencillo creer en el pensamiento mágico de "querer como yo merezco y como yo quiero que me quieran, y si no pasa así pues no es amor, ya llegará el que me dé todo eso que siempre he querido y sin que se lo pida" ¡No pues qué chingón!
Personalmente creo en el diálogo y la confianza para que me comuniquen que chingados quieren pero principalmente que me digan qué chingados no quieren ver en mi.

Y no solo es en amores pasionales o imposibles tóxicos, esto también pasa en otro tipo de vínculos, esos que no eliges, esos que son tuyos por destino como la relación con mi padre, señor de todos mis respetos y probablemente el único hombre que he amado, del que mucho tiempo estuve terco y aferrado torturándome porque no me quería como yo quería que fuera; porque no era como esa imagen que tenía y que empecinadamente quería para mi, pero fue justo mi padre quien me enseñó que el amor no siempre debe ser igual, no debe ser forzosamente romántico, ni cariñoso y mucho menos debe ser empalagoso, ese es el amor de mi papá, sincero y puro, tiene una forma muy particular de ser, tal vez por cómo fue su vida, por cómo se abrió camino, era inexpresivo un poco como mi abuela, pero era amor de verdad. Acepté y entendí que mi papá quiere y quiere de una manera única que se siente en el alma y hace sentir bien, leal y que lo hace con todo el corazón, que yo no lo haya visto y que no sea como yo quería fue solo mi asunto. Cuando yo sea grande quiero ser mi papá

En fin yo siento que en algún punto iremos por la vida extrañando cualidades y personalidades, poniendo la paciencia de uno y la fogosidad del otro con la atención y el porte y hasta el olor de uno más, supongo que es inevitable extrañar y fantasear con la creación de un ser perfecto que sea capaz de apagar todos nuestros fuegos y de encender nuevos tal vez... O peor aún, si alguien está a nuestro lado queremos con todas nuestras fuerzas y pensando solo para nuestros adentros con mucho recelo que esa personita sería perfecta si tan solo tuviera esas cositas; esas cualidades y características tan peculiares que hicieron tan especiales algunos días del pasado, pero tal vez solo es cuestión de ceder un poco para construir mucho amor nuevo que alcance para ambos. 

Sin embargo, lo aprendido y lo vivido con los diferentes vínculos emocionales que tendremos a lo largo de la vida no se irán aunque quisiéramos y lo que uno enseñó pues "también tampoco" se va porque habrá enseñanzas y cositas que simplemente ya son parte de uno, por ejemplo, algún día aprendí con mucho asombro que los hot cakes van mucho mejor con una rebanada de jamón sobre la miel de maple, impensable para mi mezclar los sabores de esa manera, pero también mostré que una buena mezcla para hot cakes queda mucho mejor con solo tres ingredientes: avena, huevo y leche. Que un buen desayuno es un huevito tibio —Que nunca me ha salido, pero sé que lo es— O que un desayuno increíble completo y nutritivo es un sandwich de espinacas, aguacate y queso de cabra.  Que una salsa debe picar y picar bien, sino es un vil aderezo dulce y no sirve. Que las alitas son más deliciosas al horno y con las salsas hechas en casa. Que la pizza solo está rica si es de una feria. Que la cerveza solo sabe bien si está en una michelada y si va escarchada con algún "menjurje" en la orilla del vaso es mucho mejor. Que el pan de feria recién hecho es el chingón.  Que la única mayonesa es la McCormick. Que el agua tiene un sabor diferente en cada casa, y que la única que sabe bien es la Epura. Que leer te ayuda y te da seguridad para expresarte en cualquier ámbito. Que cantar a Gloria Trevi es liberador. Que la lealtad es lo más preciado que uno tiene. Que la familia y la sonrisa de mamá es el mejor tesoro. Que ser el abogado del diablo enseña a ver con otra perspectiva cualquier problema. Que el calor robado usando unos piecitos fríos como arma es el mejor recuerdo y seguramente lo que más extrañes de alguien. Que se puede acariciar el alma. Que con pasión te pueden besar hasta la sombra. Que las toallitas húmedas son mil veces mejor que el papel higiénico, y que el que quedó arriba es al que le toca ir por ellas. Que no habrá nada mejor para recuperarte que un electrolit de fresa kiwi bien frío justo después del sudadito rico; de la caricia prohibida. Que lo complicado de la vida se explica y se entiende mejor con analogías. Que bailar es importante siempre, aún cuando no sepas, porque basta con poner una sonrisa y la mejor actitud. Que los DUO de Juan Gabriel son una chulada. Que el peligro y lo prohibido son dos cosas que combinadas al cobijo de la noche resultan ser muy adictivas. Que la vida es mejor con música, siempre. Que siempre serás tú en una canción aunque pase el tiempo. Que los días grises y fríos tienen un encanto especial y maravilloso. Que una botella de vino y pizza, pero solo una botella es ideal para pasar la mejor noche de tu vida. Qué más de dos botellas de vino te harán pasar la peor resaca. Que el café se toma solito sin azúcar y que un mazapán le va muy bien. Que el whisky y el tequila se toman solitos con mucho hielo. Que el ron solo va bien si es pintadito. Que los amigos no se prestan. Que nunca seas amigo de los judas de tu expareja. Que la expareja de tus amigos no debe ser tu pareja nunca. Que el mejor plan es no tener un plan. Que nunca salgas de casa sin decir te amo. Que nunca tomes el mismo camino siempre. Que después no hay después. Que es importante cuidar tus recuerdos siempre. Y así me podría ir con más y más referencias propias y prestadas pero creo que se entiende que chingados quiero decir. 

Estoy seguro que todo es una negociación con una pizca de sentido común, ¿Qué estoy dispuesto a ceder para que la relación sea próspera, sana y chingona? porque aún cuando pudieras diseñar el vínculo emocional perfecto con todo eso que siempre haz querido, le faltaría esa partecita tóxica y rara que hace que las personas sean como son; seamos sinceros, amamos lo difícil, lo que no nos ama, muchas veces nos vemos como salvadores, como sanadores y creemos que la otra persona va a ser justo como nosotros queremos que sea "nos va a querer como queremos que nos quiera" y eso no es más que un reflejo de nuestros vacíos, somos nosotros mismos intentando amarnos y abrazarnos a través del otro, como si fuéramos un demonio y lo pudiéramos poseer; son nuestras carencias emocionales tratando de salir para darnos eso que nos hizo tanta falta alguna vez, siendo que el amar a alguien debe ser sin egoísmos y como los gatos, desde su libertad, sin pretender cambiar nada...

martes, 6 de septiembre de 2022

El día en que mi mamá decidió ser mamá

Hubo un tiempo en que éste pasaba lento… muy lento… los días eran largos, los años eternos y las navidades que probablemente era mi época favorita, dilataban un chingo en aparecer en el horizonte del fin de año… Un presidente duraba seis años en ser cambiado, para mi eso representaba una eternidad, era mi escala para determinar un chingo de años pues es la cantidad de grados insufribles que duró mi educación primaria que se me hizo y sigue siendo una maldita eternidad… Hoy los días, meses y años se van tan rápido que no me doy cuenta, si me hubieran platicado las cosas que vería juro que no lo creería… cuando niño escuché mentar mil veces a dos Fideles, uno el dirigente cubano y otro dirigente eterno y etéreo de una confederación de trabajadores, había muchas bromas y caricaturas políticas de ambos como fósiles de la historia diaria, pues ya me toco saber de la muerte de ambos. Mucho se hablaba de una tercera Guerra Mundial, y que sería de consecuencias devastadoras así que cuando la Guerra del Golfo sufrí y me dio un terror saber que pronto acabaría nuestro mundo… — tal Vez Terminator 2 tuvo algo que ver—, obvio no pasó, peeeeero que tal la muerte de Colosio, tsss a mi edad fue un madrazo, sin querer y sin buscarlo mi papá estaba siempre al pendiente de las noticias, lo recuerdo viéndolas en TV por las noches, —Decía que Lolita Ayala era su novia, ¡Ja, ja, ja, ja, ja!— O en el radio antes de iniciar el día y hasta los sábados con su periódico, así, aunque no lo buscará pues había noticias por doquier, cómo el día en que murió Cantinflas, las veces que vino el Papa a México, o ver perder unas elecciones al PRI, eso si jamás lo hubiera firmado, sin embargo me tocó verlo y tristemente también me tocó verlo regresar al poder y luego irse aparentemente y maldita sea lo vi regresar de nuevo pero vestido de guinda y en su versión de los setentas, la más pinches rancia.
Logré aún ver y poner uno que otro disco de acetato, también, gracias a una pluma insertada en un cassette, recorrí y puse una y mil veces esa maldita canción que me hacía recordar a una niña de secundaria… —Pondría su nombre pero no quiero avergonzarla—
Fui testigo del cambio de varios Pontífices en tan poco tiempo que es extraño, incluso vi renunciar a uno ja ja ja, eso, eso si es inaudito…  Vi en TV la caída de las torres gemelas…  Me tocó sentir un temblor devastador en el mismo día de aniversario del gran terremoto del 85, como si se tratara de una maldita broma de mal gusto. ¡Una pandemia! Dios de bondad, eso está sucediendo ahora mismo y aún no comprendemos del todo las consecuencias y todos los estragos que dejará. No me ha tocado ver a México destacar en un mundial y francamente eso si creo que nunca lo veré. Pero si he visto las mejores series de TV y las peores y las caricaturas más emocionantes, y fui a un festival de música y creo que es el único y fue la mejor noche de mi vida, He visto cómo los dispositivos de almacenamiento de información cada día son más diminutos, me toco estar toda la noche descargando una sola canción en NAPSTER… vi nacer y vi morir al messenger, al HI5 y cómo WhatsApp, Facebook e Instagram ganaron terreno y parecen inmortales, jugué Atari y Mario Bross, fui de los primero en buscar trabajo en OCC, — y encontrarlo claro, nunca use el periódico para ese fin— Un cambio de horario, los nuevos pesos. 
Y tristemente veo cómo los móviles se van apoderando cada día más y más de nuestra voluntad. Sin duda que ha sido una gran aventura por que me crucé en el camino contigo que lees esto y eso lo agradezco de corazón, aún creo fielmente que nadie se nos aparece en nuestro andar así nomás por casualidad y hoy que mi Ceci está cumpliendo sus primeros cuarenta años de que decidió ser mi madre —Eso solo lo podrá decir el hijo mayor— Y de paso y muy desapercibidamente pues es mi cumpleaños, espero que la vida me siga sorprendiendo con más cosas chingonas e increíbles, que mi capacidad de asombro no desaparezca, que aprenda muchas cosas cada día, quiero ser un mejor padre, un mejor hijo, un mejor hermano, una mejor pareja; un mejor ser humano, empático y solidario — Ya nomás que me pinches recupere de la patita y la manita—.

viernes, 19 de agosto de 2022

Eh Vato, lo logramos mi chingón...

¿Recuerdas esa rolita de Bronco, donde relataba la desgracia de una profesora que enseña hasta el código postal cuando se cae en plena clase?

Por alguna razón mientras el enfermero me llevaba a la sala de Rayos X, la iba tarareando, vaya es algo muy natural supongo, y más si te acabas de meter un retroputazo que no solo desacomodó extremidades también sacudió ideas y recuerdos, trataba de reír mientras la silla rodaba pero al mismo tiempo estaba bien sensible al borde del llanto; iba otra vez por un pasillo de hospital, esos lugares huelen igual todos, la iluminación y la frialdad es la misma en todos, deprime y trae recuerdos agobiantes que trataba de apaciguar sin mucho éxito, haaaaasta que el compita que me empujaba me dijo algo que me hizo reír y al pasar de los minutos me relajó mucho; yo iba en la silla de ruedas sin playera, él tomó una batita de hospital, y me soltó un... "Ten tápate, pareces boxeador mano, nombre porque ya conozco a estas cabronas, me las vas a alborotar, ahorita ya no tardan en venir y venir a acosarte" Supongo que solo trataba de hacerme sentir menos peor...

¿Cómo por qué putas llegué a la sala de urgencias de un hospital?Fácil, quería, anhelaba muy cabrón por fin tener una medalla ganada por mi esfuerzo en un deporte, ¿Te suena irracional? puede ser, pero pues aquí aplicaremos la ya vieja conocida; "pues cada quien" ¡Ja, ja, ja, ja, ja! El punto es que unos cuantos minutos antes en medio de mi entrenamiento final para una carrera de obstáculos, no libré muy bien una barra de equilibrio y más rápido de lo que lo pueda recordar, ¡Madres! el tobillo derecho se me torció a medio andar y pues perdí justo lo último que debía perder: el equilibrio, cayendo sobre ese mismo pie y enseguida con todo mi peso sobre mi pierna y el brazo izquierdo, y ahí estaba con el el cuerpo todo descompuesto doblado de una manera muy, pero muy antinatural.

Para mi era muy importante ese entrenamiento y esa carrera y la medalla, porque traía un pendiente con eso que le llaman "Niño Interior" —Me cuesta aceptar que ese concepto es real, sin embargo hay evidencia de que sí lo es, aunque creo que en realidad es una forma de romantizar con un nombre lindo e inocente a las carencias emocionales o sufrimientos de la infancia—Habrá quien lo puede superar sin necesidad de ningún trabajo o restauración emocional y tal vez para muchos se nos convirtió en una lista de pendientes que nunca se pudieron tachar como concluidos y heridas a las que los curitas no ayudaron mucho que digamos, lo cierto es que el pasado es un puto lugar sombrío, oscuro entre neblina, con características y cualidades que tienden a exagerarse; buenas o malas da igual, todo se exagera, pero además de alguna forma conserva un poder sobre nuestro presente que si lo dejamos se extiende como moho y hace todo más difícil.

Y sí, de alguna manera quería gritarle a ese morrito tímido con zapatos ortopédicos y mangueras a la cintura y que nadie escogía al momento de jugar fucho o correteadas en el recreo, ¡Eh perro mira, lo logramos we! tenemos una medalla, la ganamos nosotros solitos mi chingón.

Por eso me ardía en la cola no haberlo logrado, chale, le fallé, eso pensaba y me atormentaba con muchas ideas similares, era un puto fracaso y odiaba escuchar "Por algo pasan las cosas" "Por algo no fue" eso me hacía emputar más, yo que me había preparado chingón, le jugué al deportista de alto rendimiento, corría en las mañanas no bebía alcohol ni fiesta y por las noches le daba duro a jalar al Gym, me costó soltar la autoflagelación porque soy experto en eso, sin embargo al pasar las horas, los días dejó de doler, solo lo acepté y reflexioné en qué sí le puedo presumir a ese morrito cachetón con la patita enyesada y muletas, que al final no nos quedamos a ver la vida pasar en una silla de ruedas o en un sillón con tele y videojuegos como estaba sentenciado, si le puedo gritar "¡Eh vato, al final nos quitamos telarañas de la puta cabeza, we sí pudimos, eh vato logramos subir y bajar montañas y en vans we! ¡Y andamos en bici pa' todos lados mi chingón, lejos y nada nos detiene y nos valemos por nosotros mismos! 

Porque al final la fuerza ganada por el entrenamiento prevalece, está ahí, tengo buen colágeno aún, a pesar de que siento clarito como el cuarto piso me respira en la nuca, no se me rompió nada, solo fue una mala tarde y ya está. 

Tal vez solo es la vida diciéndome: "Eh vato, relájate un chingo we, a ver papi detente, vamos a reflexionar, date un descansito, una pausita mi chingón". Así lo tomo, porque así debe ser, te caes el orgullo te levanta y te sacudes y a darle.

Hubo mensajes y ayuda a madres de banda que no me dejó caer en depresión, que me acompañó y aconsejó y eso está bien lindo, como mi compita Orlas que es un lindo de verdad, que desde el gabacho vino únicamente al hospital por mi y se pudo llevar mi nave. 

Seguramente habrá otra oportunidad para darle al vatito que habita mis traumas internos una medalla, ya vendrá otro Spartan para correr y sabré que hay limites que justo por eso se llaman límites; que hay que conocerlos y respetarlos y no jugarle al chingón.

viernes, 18 de febrero de 2022

Músiquita

 Es una tarde bien chingona, es una tarde que amerita una copichuela de vino, o de algo rico, algo que nos de paz, y me refiero a esa paz individual que cada cual sabrá cómo obtener y disfrutar, ya sea en el ruido escandaloso del absoluto silencio o en la paz de la soledad, o en las migajas de atención una "relación" que nos conforma con poquito; o con música, personalmente prefiero la música y la copichuela de vino que los consejos que me pueda dar mi conciencia en ese maldito ruido estruendoso que trae consigo el silencio y la soledad.

Yo que hago todo con música y un café en mano, no logro entender a los que andan por la vida haciendo ejercicio, viajando en metro o en cualquier actividad sin música, sin algo que escuchar, yo por ejemplo, si voy a cocinar, a lavar trastes; o a hacer ejercicio; o trabajar, o si estaré en un trayecto largo en transporte o en mi bici, necesito música, necesito apaciguar mis pensamientos autodestructivos. Y para eso yo tengo una playlist para cada situación, no exagero, tengo varias listas con temáticas diversas que voy reproduciendo según el clima o mi estado de animo o la situación misma; PARA TOOOOODO —Si aún no les han dado o aún no han dado una buena zarandeada pasional y romántica y desenfrenada, así chingona pasando de todo al mismo tiempo pero con unas canciones de Jazz o Funk; o Rock tranquilito de fondo, deberían abrirle el corazón a esta idea, las cosas jamás volverán a ser iguales después de..., DIIIIICEN, DICEN QUE ASÍ ES promesa— https://open.spotify.com/playlist/0oTxZeEvHVkPUnuyOR8TSx?si=8101df1132dd44ef 
Así es que yo tengo canciones hasta para dormir si no se puede, y obvio para el dolor de corazón, https://open.spotify.com/playlist/1Q05DWIHMH07OdGUDXnpcP?si=953fa11d92e74ed4
también tengo mi colección de Salsa que es muy preciada https://open.spotify.com/playlist/13M9pCpK17iOrTm9pJuA1K?si=f38ad8bcd0644771 —Y aclaro que es pura salsa porque no hay más, la cosa esa que llaman cumbia da una profunda pereza, es así se dice y no debería pasar nada— y casi cada una de mis listas tiene un nombre especial, pensado de manera muy responsable, y las voy reproduciendo indistintamente mi actividad, es decir no tengo una lista para trapear, pongo una serie de canciones para hacerlo, movidas o relajantes o un Rock o vale madres no importa el punto es tener ruido chingón para hacer mi día a día.

Admiro demasiado a quien puede hacer todo o casi todo sin música, mis respetos, controlar los pensamientos debería de ser considerado un super poder, una habilidad con la cual obviamente no tuve la suerte de nacer.

Eso de amar la música es herencia de una costumbre familiar, mis padres hacían todo con ruido de fondo, mi abuela también lo hacía y tal vez mi recuerdo más viejo de ella es con una grabadora a todo volumen al pie de un lavadero echando pleito con unas colchas y unas cobijas cubiertas de espuma muy difícil de abatir, o mi abuelo que ponía un tocadiscos algo viejo que hacía más ruido que tocar música en si, pero eso a él no le importaba, o le importaba muy poco y era feliz. Por otro lado, en casa mi madre tenía la costumbre de levantarse muy tempranito a hacer sus actividades, y antes de tomarse un café como dios manda, ¡Nooo! la señora ponía su radio a todo volumen, ya fuera un noticiario o la hora de los Tigres del Norte, entonces pues todos nos despertábamos juntitos a chingarle, al final creo que eso hizo me inmune a los ruidos y hoy puede pasar una pinshi locomotora a mi lado y si tengo sueño o ya estoy dormido me da exactamente lo mismo, yo me duermo o sigo dormido sin que me afecte en lo más mínimo.
Por el contrario mi papá no era de música tempranera, el señor lo era para las serenatas, pues de vez en vez cuando traía un par de estocadas de tequilita o de Ronsito Solera le daba por poner sus discos a todo volumen, era todo un ritual verlo buscar el casstte o el disco adecuado, encender un aparato plateado philiphs con muchos botones y una rueda enorme que controlaba el volumen y ya fuera que pusiera unos corridos o unas rancheras, todos sabemos que jamás habrá volumen suficiente para satisfacer ese sentir muy personal y eso era mágico, de verdad era poderoso, no me molestaba para nada, se sentía bien que mi papá me despertara con sus canciones se sentía bien chingón y es uno de mis recuerdos más preciados ver a mi padre muy contento con ese poder que tiene la música para llevarte a lugares donde fuiste feliz, o donde la vida te rompió, es un momento de satisfacción tan plena que solo tu música puede hacerte sentir así. 

Tener una colección de discos de acetato enormes, con portadas tan chingonas y hermosas que contaban historias por si solas, debió haber sido algo increíble, yo estoy seguro que para nada será lo mismo la experiencia de salir de una tienda de discos con un ejemplar de esos bajo el brazo y caminar presumiendo la compra, que la desabrida experiencia de solo darle click a una canción y ya, y aunque hoy aún se hacen esos acetatos y la música grabada de esa forma se escucha pocamadre, también tampoco no hay cartera que aguante esa pinche adicción a la música, al menos no la mía.

Mis padres tenían una buena cantidad de discos, recuerdo muchos, había un poquito de todo, incluso canciones para alguna fiesta infantil, mañanitas y rancheras y de todo, en ese despertar a lo que era la música, yo tenía mis favoritos pero a veces la vida es cruel con lo que uno ama, resulta que un domingo regresábamos de alguna fiesta en casa de algún pariente, era media tarde y veníamos cansados con ganas de solo llegar a bañarnos y cenar algo y dormir, solo que el destino nos había dejado como sorpresa una inundación, ¡Carajo! Cómo arde eso, una noche anterior cayó una fuerte tormenta, desbordó el canal de riego próximo a nuestra calle y eso arrojó agua hacia nuestra casa, tal vez no fue demasiada pero si la suficiente como para dejarnos sin refrigerador, sin zapatos, sin juguetes, con un chingo de lodo, una raya horizontal a media altura de las paredes como recuerdo del nivel que alcanzó el agua durante nuestra ausencia; pero no solo eso, días después nos dimos cuenta de que más objetos y muebles y cosas habían sido víctimas de la desgracia, como los libros de mi papá y esa colección de música, pasaron de ser discos brillosos y perfectamente redondos a ser platos pozoleros de color negro, el agua los deformó y pues ya no había nada que hacer, dolió, eso debió doler, solo se desecharon y ya. Esa noche fue muy larga, mis padres nos bañaron y nos acomodaron en una cama , se arremangaron y limpiaron la casa, no se cuántas horas tardarían pero al despertar era otra la situación, ellos nunca se derrumbaron, ni se victimizaron, todo lo contrario, fue una gran lección para mí, aprender a dejar ir lo material, aprender la lección y a seguir.

Imagino que no fue fácil, pues entre libros y música se fueron a la basura grandes recuerdos y grandes momentos; pero para mi había un disco en especial, diría que era mi favorito; Camilo Sesto, ¡Ay cabrón!, para esos días ya me había roto el corazón yo solito un par de veces con algún mal amor y ese disco en especial decía justo lo que sentía, describía perfecto mis tristezas con las palabras que yo no tenía, por mucho tiempo obvié que ese álbum era de mi madre, pero no, resulta que mi papá era el mero mero, la memoria se me hace brumosa en este momento pero recuerdo que esa portada era una fotografía del cantante, de Camilo, con una prenda amarilla sentado en unas piedras enormes, como en un río, era muy pero muy  llamativo —Fielmente estoy seguro que hoy, Siddharta es el Camilo Sesto para la mayoría de los hombres de mi generación, se dice y no pasa nada, así es, él dice y canta cosas que llegan casi igual que lo escuchado en Camilo Sesto—
https://open.spotify.com/playlist/37i9dQZF1DZ06evO1eprj2?si=4d495a65f68f4147

En fin, el punto es que hoy fue un día con una tarde muy agradable, y parece que la noche será también muy chingona, hace unos instantes dejé mi tarro de café y lo cambié por un vaso térmico con una cantidad generosa de vino tinto "Isla de LOBOS", está helado, está delicioso y puse una lista de canciones muy adecuada que se llama AUTOFIESTA  https://open.spotify.com/playlist/5JKgM20Wx9v5gSoQTp32J0?si=a381cd4c42c54c02 y toda esa atmósfera me dió la inspiración para contar esto que había planeado desde hace días pero no llegaba la chispa para hacerlo debidamente y pues parece que hoy por fin lo logré, déjame un comentario o algo para saber que llegaste hasta este párrafo, y si puedes pues escucha las listas que te compartí.